Algo para Pensar — Parashá Re’eh (lunes, 3 agosto 2026)Tiempo de lectura: 3 minutos


¡Shavua Tov Lekulam!

La porción de Re’eh abre con una declaración que define toda la experiencia humana: “He aquí, pongo ante ti hoy una bendición y una maldición.”

Nuestros sabios enseñan que, desde el momento en que Adán introdujo la dualidad en el mundo, todo lo que existe se volvió una mezcla de luz y oscuridad, de potencial positivo y negativo. Nada es completamente puro, nada es completamente corrupto. Todo — personas, situaciones, encuentros — contiene ambas posibilidades.

Esto significa que, a cada instante, estamos eligiendo. No elegimos solo cómo actuar; elegimos qué ver. Y lo que decidimos ver afuera es exactamente lo que despertamos adentro. La percepción no es un espejo pasivo: es un acto creativo. Solo podemos reconocer en el mundo aquello que ya está vibrando en nuestra propia consciencia.

Incluso Moisés, la más elevada de las almas, podía ser visto de manera negativa por quienes querían hacerlo. Y así ocurrió en el desierto: muchos israelitas proyectaron sobre él su propia oscuridad. No estaban viendo a Moisés; estaban viendo sus propias klipot, sus capas de confusión y miedo. En cada ser humano hay bien y mal. La pregunta nunca es qué hay en el otro, sino qué elegimos activar con nuestra mirada.

La enseñanza va aún más lejos: lo que elegimos ver no solo revela nuestra consciencia, sino que influye en lo que sucede después. Cuando decidimos enfocarnos en el bien de una persona, nos conectamos con la Luz del Creador y, al mismo tiempo, despertamos esa luz en ella. Cuando insistimos en ver sólo la oscuridad, generamos separación: en el otro y en nosotros mismos.

La Torá nos invita a ser participantes activos en la creación de la realidad. Nuestra mirada puede ser un arma o un puente, un juicio o una bendición.

Una de las formas más poderosas de inclinar la balanza hacia el bien es la generosidad financiera. Re’eh lo expresa con claridad: si hay un hermano necesitado, no debemos cerrar la mano ni endurecer el corazón. Debemos dar con diligencia, sin tristeza, porque ese acto abre canales de bendición en todas nuestras obras.

El Talmud enseña que el mundo es cíclico: la Luz que revelamos al dar siempre regresa. Por eso, cuando el rey Saúl buscaba la ayuda espiritual del profeta Samuel, siempre preguntaba qué podía ofrecerle. 

Y el Talmud lo reafirma: quien atraviesa dificultades debe buscar la oración de una persona justa, pero esa oración solo puede actuar si primero se entrega algo de valor, algo que represente la esencia de quien pide.

Rav Elazar explica que nuestras dificultades se concentran en tres áreas:
• Familia (hijos, relaciones),
• Vida (salud),
• Sustento (dinero)

Cuando falta Luz en alguna de estas dimensiones, es porque nuestras acciones han creado desconexión. ¿Cómo se restaura esa conexión? A través de la oración, especialmente la oración de los justos. Pero esa oración solo puede operar si la persona necesitada entrega parte de su esencia, y para la mayoría de las personas, esa esencia se expresa en el dinero. La caridad no es solo ayuda material: es un acto espiritual que permite que otro interceda por nosotros y nos reconecte con nuestra fuente.

¡Qué esta semana elijamos ver el bien en cada rostro y en cada circunstancia!

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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