
Algo para Pensar — Parashá Re’eh (domingo, 2 agosto 2026) Tiempo de lectura: 4 minutos
¡Shavua Tov Lekulam!
Esta semana estudiamos Parashá Re’éh. Esta es la 47.ª porción semanal de la Torá en el ciclo anual judío de lectura de la Torá.
Parashá: Deuteronomio 11:26-16:17
Re’éh (“Ver”) detalla una serie de leyes previas a la entrada de los israelitas a la Tierra de Israel. Estas incluyen la obligación de destruir la idolatría, las leyes del diezmo y la caridad, las leyes dietéticas, las leyes sobre festividades y la prohibición de ofrecer sacrificios fuera del lugar designado por Dios.
«He aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición. La bendición, si oyereis los mandamientos de El Eterno vuestro Dios, que yo os prescribo hoy, y la maldición, si no oyereis los mandamientos de El Eterno vuestro Dios, y os apartareis del camino que yo os ordeno hoy, para ir en pos de dioses ajenos que no habéis conocido» (Deut. 11:26-28).
La Parashá Re’éh nos sitúa en un umbral. No es solo un pasaje más del Deuteronomio; es una invitación a mirar con profundidad antes de entrar a la Tierra Prometida.
El texto abre con una palabra que resuena como un llamado íntimo: Re’eh — Mira. Sin embargo, apenas unos versos después, la Torá cambia del singular al plural: “cuando escuchéis.” Este giro gramatical no es un accidente; es una enseñanza.
La visión — re’éh — es personal, singular, interior. Cada ser humano debe mirar dentro de sí, discernir, reconocer su propio camino espiritual. Pero escucha —tishme’u — es comunitaria.
La construcción de un pueblo como una sociedad justa requiere que tengamos oídos abiertos, ser sensibles evidenciando de esta manera un alto grado de responsabilidad colectiva.
La Torá nos enseña que la vida espiritual comienza en la intimidad del corazón, pero solo se sostiene cuando se convierte en un proyecto común.
Más adelante, la Torá describe la ceremonia de las bendiciones y las maldiciones en los montes Guerizim y Eival. Dos montañas imponentes, enfrentadas, custodiando la entrada a la tierra. ¿Por qué allí? ¿Por qué dos montañas?
Porque Israel está a punto de convertirse en un pueblo soberano, y la soberanía exige claridad moral. Las montañas vienen a ser un espejo físico de la elección espiritual: elevación como sinónimo de bendición; o descenso como sinónimo de maldición o extravío.
No son amenazas; son recordatorios. La vida moral siempre se despliega entre alturas y abismos, y cada decisión humana va imponiendo colores al paisaje.La Torá llama a esta ceremonia un “tercer pacto,” distinto al de Sinaí y al de Abraham. ¿Por qué un tercer pacto justo antes de entrar a la tierra? Porque este pacto no solo define leyes; define una misión.
Abraham recibió la promesa de un pueblo. En Sinaí recibimos la Torá. Pero en las montañas de Siquem recibimos la tarea: ser una nación que eleva a través de una enseñanza que ilumina.
Maimónides lo expresa con claridad: Israel tiene la responsabilidad de transmitir al mundo los principios universales de moralidad, las leyes básicas que sostienen la dignidad humana. No hablamos de imponer, sino de inspirar. No se trata de dominar, sino de elevar. El pacto de Re’éh es el pacto de la responsabilidad con la humanidad a nivel global.
En un mundo donde un solo individuo puede desatar caos, violencia o destrucción, la Torá nos recuerda que la inviolabilidad humana no es negociable. La bendición no es un premio; es la consecuencia natural de caminar en una senda de justicia y compasión.
La maldición NO es un castigo; es el resultado, la consecuencia inevitable de abandonar ese camino. Re’é nos pide mirar.Tishme’u nos pide escuchar. El pacto nos pide actuar.Que esta semana mantengamos presente el valor que tiene observar con claridad, mostrar sensibilidad cuando escuchamos y sobre todo, elegir con responsabilidad.
Que nuestras decisiones eleven nuestra manera de vivir. Que de igual manera nuestras palabras iluminen nuestro camino y el camino de quienes nos rodean. Y sobre todo, que nuestras acciones construyan un mundo donde la dignidad humana sea sagrada.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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