
Algo para Pensar — Parashá Va’etjanán (miércoles, 22 julio 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!
«Guardad cuidadosamente los mandamientos de El Eterno vuestro Dios, y sus testimonios y sus estatutos que te ha mandado. Y haz lo recto y bueno (וְעָשִׂ֛יתָ הַיָּשָׁ֥ר וְהַטּ֖וֹב,Ve-asíta ha-yashár ve-ha-tóv) ante los ojos de El Eterno, para que te vaya bien, y entres y poseas la buena tierra que El Eterno juró a tus padres;» (Deut. 6: 17-18).
Entre los grandes pasajes de Va’etjanán — el Shemá, los Diez Mandamientos y otros momentos decisivos — aparece un versículo breve pero de enorme peso para la ética judía. Aludimos a la frase introductoria que habla de hacer “lo recto y lo bueno.”
El problema es evidente. El versículo anterior ya menciona mandamientos, testimonios y estatutos, lo cual parece abarcar todo el marco normativo del judaísmo. Entonces, ¿qué añade exactamente la expresión “lo recto y lo bueno”?
Rashi explica que esta frase apunta a la disposición a ceder, a no insistir siempre en los derechos propios y a actuar más allá de lo que la ley estrictamente exige — lo que la tradición llama lifnim mishurat hadin.
La ley establece un mínimo indispensable, aquello que debemos cumplir. Pero la vida moral no se conforma con el mínimo. Las personas cuya bondad nos conmueve no son sólo quienes cumplen la norma, sino quienes la superan.
Los verdaderos justos y los héroes morales hacen más de lo requerido; se esfuerzan por encarnar una generosidad que no puede imponerse por decreto. Para Rashi, esto es lo que la Torá quiere decir con “lo recto y lo bueno”.
Rambam, aunque cita y acepta la explicación de Rashi, amplía la idea. Señala que Moisés primero ordena guardar los estatutos y testimonios que Dios mandó, pero luego añade que incluso en situaciones no reguladas explícitamente, debemos buscar lo que es bueno y recto ante los ojos de Dios, porque Él ama la justicia y la bondad.
Rambam subraya que este es un principio fundamental: la Torá no puede enumerar cada detalle de la conducta humana, cada interacción con vecinos y amigos, cada transacción o norma social.
Sin embargo, al mencionar ejemplos como “no ser chismoso”, “no vengarse”, “no quedarse indiferente ante el sufrimiento del prójimo”, “no maldecir al sordo” u «honrar a los ancianos”, la Torá establece un patrón.
Después de dar varios ejemplos, declara un principio general: en todos los ámbitos de la vida debemos buscar lo bueno y lo recto, incluso cuando esto implique ceder o ir más allá de la letra de la ley. Solo así una persona merece ser llamada “buena y recta.”
En otras palabras, Rambam no solo afirma que existe un nivel moral superior al mínimo legal, sino que reconoce que hay dimensiones de la vida ética que simplemente no caben dentro de un código legal. Por eso la Torá nos invita a desarrollar una sensibilidad moral que trascienda lo escrito.
Hay momentos en los que la Torá nos habla no como un código legal, sino como una voz que busca despertar nuestra humanidad más profunda. “Lo recto y lo bueno” no es una orden más; es una invitación. Es la Torá diciéndonos: No te conformes con cumplir.
Aspira a elevarte. Porque la vida real — la de las relaciones, los malentendidos, las oportunidades de ayudar, los silencios que duelen, los gestos que sanan — no cabe en listas ni reglamentos.
Allí, en lo cotidiano, es donde El Eterno nos pide algo que ninguna ley puede exigir: que seamos sensibles y actuemos con empatía.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)



Deja un comentario