
Algo para Pensar — Parashá Devarim (miércoles, 15 julio 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!“
«También contra mí se encendió la ira del Eterno por causa de ustedes, y me dijo: Tú tampoco entrarás allí” (Devarim 1:37).
Si el castigo de Moshé y Aarón fue resultado directo de sus propias acciones, ¿por qué ahora Moshé presenta su exclusión como consecuencia del comportamiento del pueblo?
Don Itzjak Abarbanel, destacado comentarista bíblico y figura política del siglo XV en España, sostiene que tanto Moshé como Aarón murieron antes de ingresar a la Tierra Prometida debido al rol que cada uno desempeñó en dos episodios distintos: el pecado del becerro de oro y el pecado de los exploradores.
Según él, la participación específica de cada hermano en estos eventos revela enseñanzas profundas sobre la responsabilidad del liderazgo.Comencemos con Aarón y el episodio del becerro de oro. El pueblo estaba aterrorizado porque Moshé no regresaba del Sinaí en el momento esperado. Se sentían abandonados en un desierto extraño y amenazante; por eso rodearon a Aharón y le exigieron:
“Levántate y haznos un líder [elohim, que también puede significar juez] que marche delante de nosotros, porque ese hombre, Moshé, que nos sacó de Egipto, no sabemos qué le ocurrió” (Éxodo 32:1).
Lo que el pueblo pide no es un reemplazo de Dios, sino un sustituto de Moshé.De hecho, el becerro era entendido como el pedestal o trono de una deidad, no como la deidad misma (véase Najmánides a Éxodo 32:7).
Por eso Aarón proclama — quizá como advertencia —: “Mañana será fiesta para el Señor” (32:5). Intenta dejar claro que el becerro debía verse solo como un medio simbólico, no como un objeto de adoración.
Sin embargo, el pueblo ignora la advertencia y no solo rinden culto al becerro con cantos y danzas, sino que caen en prácticas de desenfreno sexual y crueldad animal (Éxodo 32:6; Rashi).
Abarbanel argumenta que Aarón debió prever este desenlace y nunca haber permitido la fabricación del becerro. Aunque era un líder compasivo, capaz de sentir el dolor del pueblo, lo que la nación necesitaba en ese momento no era empatía permisiva, sino límites firmes.
La idolatría — y todo lo que pueda conducir a ella — debe ser detenida desde su raíz. Pero como el error de Aarón fue un fallo de juicio y no una transgresión deliberada, Dios pospone el castigo hasta el momento adecuado.
Moshé, según Abarbanel, actuó de manera similar en el episodio de los exploradores. La Torá relata que el pueblo se acercó a él para pedirle que enviara un grupo que inspeccionara la tierra, los caminos y las ciudades que encontrarían al iniciar la conquista (Devarim 1:22).
Así, Moshé parece atribuir correctamente la iniciativa al pueblo: ellos pidieron la misión, y los exploradores fueron quienes regresaron con un informe desalentador. Sin embargo, Abarbanel sostiene que Moshé debió haber reconocido los riesgos inherentes a una misión de este tipo, riesgos que finalmente se materializaron.
Abarbanel nos recuerda que incluso los líderes más grandes pueden errar cuando confunden compasión con permisividad o cuando no anticipan las consecuencias de decisiones aparentemente razonables.
Hoy, la invitación es a examinar nuestras propias responsabilidades: ¿dónde debemos ejercer firmeza en lugar de comodidad?, ¿dónde debemos prever el daño antes de que estalle?
Que lo aprendido nos inspire a liderar — en el hogar, en la comunidad, en nuestra vida interior — con un corazón sensible, sí, pero también con la claridad y el coraje necesarios para marcar límites que protejan lo sagrado, diciendo: ¡Esto no va!
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)


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