Algo para Pensar — Parashá Ki Tavo ( 28 agosto  2026) 

Tiempo de lectura: 3 minutos

¡Shabbat Shalom Lekulam!

«Y escribirás muy claramente en las piedras todas las palabras de esta ley» (Deut. 27:8)

Tras el mandato de erigir piedras y escribir en ellas “todas las palabras de esta ley,” la Torá presenta una serie de doce maldiciones (Deut. 27:15–26). Cada una está dirigida a un ish, a una persona concreta que transgrede principios morales fundamentales.

De este modo, emergen doce normas universales que no dependen de identidad, nación o cultura: son exigencias éticas aplicables a todo ser humano.


La instrucción de escribir estas enseñanzas “muy claramente” (ba’er hetev) fue interpretada por los sabios talmúdicos como un mandato de grabarlas profundamente y traducirlas a los setenta idiomas del mundo antiguo. 


Si los dos primeros pactos — el de Abraham y el del Sinaí — definieron la identidad familiar, nacional y religiosa de Israel, este tercer pacto, simbolizado por las piedras, subraya una dimensión distinta: la responsabilidad de Israel como un “reino de sacerdotes y nación de maestros”, portadores de un mensaje moral para toda la humanidad.


La premisa bíblica es que un pueblo no puede enseñar al mundo si no enfrenta primero los mismos desafíos que enfrentan todas las naciones. Entre ellos se encuentran:
• la desigualdad entre ricos y pobres
• la protección de minorías vulnerables
• el uso y abuso del poder
• los debates entre modelos económicos
• la responsabilidad hacia los más frágiles
• la ética en tiempos de guerra


Por eso, Dios dice primero a Abraham: “Haré de ti una gran nación”, y solo después: “En ti serán benditas todas las familias de la tierra” (Génesis 12:2–3). La bendición universal depende de la madurez nacional. 


El Tercer Pacto aparece precisamente cuando Israel está por convertirse en un estado soberano, a punto de cruzar el Jordán. Allí, en el punto de entrada y salida de la tierra, las leyes universales debían ser inscritas en setenta idiomas, visibles para todos.


Pero el texto bíblico también advierte sobre el riesgo de fallar en esta misión. Si Israel no escucha la voz de Dios, si no se convierte en ejemplo moral y ético, si no comunica al mundo las enseñanzas inscritas en las piedras, entonces perderá su tierra y se verá disperso entre las naciones, expuesto a persecuciones y violencias que marcarán la historia.

La degradación moral de los opresores — cuando renuncian a ver al otro como imagen de Dios — es parte del drama que la Torá describe como consecuencia de ignorar el pacto.


En la tradición judía, algunos intérpretes han visto en este trasfondo la raíz espiritual del rechazo histórico hacia Israel: la resistencia a un mensaje que exige justicia, compasión y responsabilidad ética. 


En este marco, el capítulo 53 de Isaías, que describe al “siervo sufriente”, ha sido entendido por muchos comentaristas judíos como una referencia a la nación de Israel, que carga con el peso de su misión en medio de un mundo que a menudo se opone a ella.


La tarea es ardua, pero la promesa permanece: la fidelidad al pacto conduce finalmente a la restauración y al triunfo moral.“Y escribirás muy claramente en las piedras todas las palabras de esta ley” (Deut. 27:8).


Que estas palabras nos recuerden que la Torá no se escribe solo en piedra, sino en la vida que construimos cada día. La claridad que Dios exige no es solo tipográfica: es ética.


Cuando nuestras acciones hacen legible la justicia, cuando nuestra compasión se vuelve visible, cuando nuestra integridad se convierte en un lenguaje que todos pueden entender, entonces cumplimos el pacto. 


La pregunta es simple y desafiante: ¿qué estamos escribiendo hoy en las piedras de nuestra historia?


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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