
Algo para Pensar — Parashá Nitzavim-Vayelej (domingo, 30 agosto 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shavua Tov Lekulam!
Esta semana estudiamos Parashat Nitzavim-Vayelej. Estas son la 51.ª y 52.ª porción semanal de la Torá en el ciclo anual judío de lectura de la Torá.
Porción de la Torá: Deuteronomio 29:9-31:30
En Nitzavim (“De pie”), Moisés se dirige a los israelitas, enfatizando la importancia de seguir el pacto de Dios y de no adorar a otros dioses. Describe el proceso de arrepentimiento y retorno a Dios, y enfatiza que los mandamientos de Dios son alcanzables y “no están en los cielos”. Vayelej (“Él fue”) comienza con Moisés anunciando a los israelitas que no los guiará a la Tierra de Israel y que Josué tomará el relevo. Instruye a los israelitas a reunirse y leer la Torá públicamente cada siete años. Por orden de Dios, Moisés escribe un poema que da testimonio del pacto de Dios con los israelitas.“
Sucederá que cuando hubieren venido sobre ti todas estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y te arrepintieres en medio de todas las naciones adonde te hubiere arrojado El Eterno tu Dios, y te convirtieres a El Eterno tu Dios, y obedecieres a su voz conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma, entonces El Eterno hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere esparcido El Eterno tu Dios” (Deut. 30:1-3).
A lo largo de la historia, la tradición judía ha sostenido que toda profecía, desde Moisés hasta el último de los profetas, gira en torno a un único eje: la teshuvá, el retorno consciente y voluntario hacia Dios.
Cada profeta expresó este llamado desde la realidad de su propio tiempo: algunos lo vincularon a los vaivenes de la política internacional, otros a la integridad moral de la nación, y otros a la conducta ética de cada individuo. Pero todos coincidieron en una misma urgencia: volver a Dios y vivir conforme a Su voluntad.
La raíz de este principio — quizá el más profundo de la vida espiritual judía — se encuentra en la parashá de esta semana. En el punto culminante del mandato de hacer teshuvá, la Torá introduce una expresión sorprendente: “Vahashevota el levavekha,”“Y volverás a tu corazón” (Deut. 30:1).
Esta frase sugiere que el lev, el corazón, es el lugar donde residen los impulsos más elevados del ser humano, aquello que la tradición denomina yetzer tov, la “buena inclinación.”
Sin embargo, esta afirmación parece entrar en tensión con otro pasaje bien conocido: el Shemá, donde se nos advierte: “velo taturu aharei levavjem”, “y no os desviéis tras vuestros corazones” (Números 15:39).
Allí, el corazón aparece como la fuente de la fragilidad moral, la inclinación hacia el error, o en términos rabínicos, el yetzer hará, la inclinación al mal.
Surge entonces una pregunta inevitable:
¿Es el corazón el origen de nuestra nobleza o el origen de nuestras caídas? ¿Es el asiento de la buena inclinación o el manantial de nuestros deseos más destructivos?
La tensión no es accidental. La Torá parece enseñarnos que el corazón humano es ambivalente, capaz de elevarnos o de desviarnos. Y precisamente por eso, la teshuvá no es sólo un retorno a Dios, sino también un retorno al corazón mismo: a su verdad más profunda, a su orientación original, a su capacidad de elegir entre el bien o el mal.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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