Algo para Pensar — Parashá Devarim (domingo, 12 julio  2026) Tiempo de lectura: 3 minutos


¡Shavua Tov Lekulam!


Esta semana estudiamos Parashá Devarim. Esta es la 44.ª porción semanal de la Torá en el ciclo anual judío de lectura de la Torá.

Porción de la Torá: Deuteronomio 1:1-3:22


Devarim (“Palabras”) es la primera porción de la Torá en el Libro de Deuteronomio, el último libro de la Torá. En ella, Moisés relata eventos de los viajes de los israelitas por el desierto, el nombramiento de jueces, el pecado de los espías y las guerras con los reyes emoritas Sijón y Og.


“Estas son las palabras que Moshé dirigió a todo Israel, al otro lado del Jordán, en el desierto, en el Arabá frente al Mar Rojo, entre Parán, Tofel, Labán, Jazerot y Dizahab. Hay once jornadas desde Horeb, por el camino del monte Seir, hasta Cades-barnea” (Deuteronomio 1:1–2).


La parashá Devarim comienza enumerando varios lugares donde Moshé habló al pueblo. Sin embargo, como señala Rashi, estos sitios no corresponden a ubicaciones reales; no existen lugares llamados “Mol Suf”, “Laván” o “Di Zahav”


Según su explicación, estos nombres funcionan como alusiones veladas a distintos episodios en los que Israel pecó durante su travesía por el desierto. “Mol Suf” remite a las quejas en el Yam Suf, cuando el pueblo reprochó a Moshé haberlos sacado de Egipto; “Laván”, cuyo significado literal es “blanco”, evoca el momento en que despreciaron el maná llamándolo “esa cosa blanca”; y “Di Zahav” apunta al oro empleado en la fabricación del becerro de oro.


Así, Moshé inicia su último discurso recordando, de manera indirecta, las faltas cometidas a lo largo de cuarenta años. Incluso al corregir al pueblo, cuida de hacerlo con sutileza y consideración, evitando avergonzarlos o exponerlos de manera hiriente.


Con frecuencia, cuando criticamos, lo hacemos sin filtro, señalando el error de otro de forma dura y humillante. Moshé nos enseña que la reprensión debe transmitirse con suavidad, respeto y sensibilidad. Aun quien ha fallado merece que le garanticemos su dignidad.


Esta enseñanza, presente ya en el primer versículo de Devarim, explica en parte porqué esta parashá se lee siempre en el Shabat previo a Tishá BeAv. El Segundo Templo fue destruido, entre otras razones, por la falta de respeto entre las personas. 


Este problema se refleja de manera extrema en la historia de Bar Kamsa**: invitado por error a un banquete organizado por alguien que lo despreciaba; este fue expulsado públicamente a pesar de suplicar que no lo avergonzaran aún cuando se ofreció a pagar toda la comida. El anfitrión insistió en echarlo, incluso ordenando a otros invitados que lo escoltaran fuera del lugar.


La Guemará relata que Bar Kamsa, herido por la humillación, decidió vengarse informando falsamente a las autoridades romanas que los judíos planeaban rebelarse. Sus acusaciones provocaron la ofensiva romana que culminó en la destrucción del Templo.


Aunque Bar Kamsa actuó con maldad — pues estuvo dispuesto a poner en riesgo a todo Israel —, Dios permitió que su plan prosperara debido a la vergüenza que fue sometido. La Torá exige mostrar respeto a todos los judíos, incluso a cualquier persona que esté pecando. 


Del mismo modo, tras el episodio en que el burro de Bilam lo reprendió, Dios hizo morir al animal para evitar que Bilam siguiera siendo avergonzado. Aun un hombre corrupto como él merecía un mínimo de dignidad.


Con mayor razón debemos cuidar nuestras palabras cuando nos dirigimos a personas buenas y rectas. Cuando corrijamos, debemos hacerlo de manera que se preserve su honor. 


Moshé nos muestra que la crítica puede y debe expresarse con respeto, sin causar vergüenza ni dolor innecesario. Actuando así, contribuimos a reparar la falla que llevó a la destrucción del Bet HaMikdash y a tantos siglos de exilio.

Que estas palabras nos despierten a una responsabilidad profunda: la manera en que hablamos puede construir o destruir mundos. Si Moshé, al final de su vida, eligió corregir con ternura, ¿cuánto más debemos nosotros cuidar cada palabra, cada gesto, cada silencio? 


En un tiempo que clama por restaurar vínculos, que nuestras voces sean puentes y no muros. Que aprendamos a decir la verdad sin herir, a corregir sin humillar, a amar incluso cuando duele.

Y que, al honrar la dignidad del otro, preparemos el terreno para la reconstrucción espiritual que nuestro pueblo anhela desde hace generaciones.

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)


Notas

**Cf. Talmud Bavlí,  Guitín 55b–56a

Deja un comentario

Trending