
Algo para Pensar — Parashá Pinjás (jueves, 2 julio 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!“
Las hijas de Tzelofjad hablan correctamente; dales la posesión de una heredad entre los hermanos de su padre y transfiere a ellas la herencia de su padre” (Números 27:7).
Uno de los episodios más llamativos de toda la Torá es el caso de las hijas de Tzelofjad, un relato tan significativo que vuelve a mencionarse al final del libro de Números (capítulo 36). ¡Cuánta fe, claridad y valentía aprendemos de estas cinco mujeres inteligentes e intachables!
A partir del análisis midráshico de este episodio surge una pregunta secundaria fascinante: ¿está permitido que los hombres aprendan Torá a través de las mujeres?
En este caso, el Talmud (Bavá Batrá 119) describe a Moisés enseñando las leyes del levirato, mientras las cinco hermanas escuchaban. Ellas plantearon una cuestión fundamental: ¿se considera a una hija como descendencia legítima, con derecho a representar la continuidad del padre y a heredar sus bienes?
Si la respuesta fuera negativa, entonces su madre viuda debería casarse con el hermano del difunto — como en un matrimonio levirático — y ser mantenida por él, pues se consideraría que no hubo descendencia.
Pero si las hijas sí cuentan como progenie suficiente para eximir a la madre del levirato, entonces ellas deben recibir la herencia de su padre. Y Dios mismo confirma que su razonamiento es correcto. De modo que, a partir de este episodio, parece claro que los hombres pueden aprender Torá enseñada a través de las mujeres.
La Torá y la Tierra de Israel son descritas en la Biblia como morashá* — una herencia que debe transmitirse — y no simplemente como yerushá**, un patrimonio (Éxodo 6:8; Deuteronomio 33:4).
Morashá implica algo más profundo que un bien material: es un legado que debe preservarse y pasar de generación en generación. Un patrimonio puede gastarse; una herencia espiritual, como un candelabro familiar o una copa de kidush, debe conservarse y transmitirse.
El estudio de la Torá involucra tanto a hombres como a mujeres. Cuando Dios instruye a Moisés: “Así dirás a la casa de Jacob” (Éxodo 19:3), Rashi explica que se refiere a los varones, pero el contexto del mandamiento de hak’hel — la lectura pública de la Torá cada siete años — incluye explícitamente a mujeres y hombres (Deuteronomio 31:12).
Si las mujeres deben aprender la Torá para cumplir los mandamientos, también deben participar en su transmisión: de padres a hijos, de maestros a alumnos.
La enseñanza práctica que surge del caso de las hijas de Tzelofjad es que las mujeres no solo tienen una porción en la Torá, sino también una porción en la Tierra de Israel. Su reclamo — que Dios mismo resolvió porque Moisés no tenía respuesta — estableció que, al no haber hijos varones, ellas debían recibir la parte correspondiente a su padre (Números 27:7).
A partir de este precedente, los derechos hereditarios de las mujeres se ampliaron tanto que, si un padre deja pocos bienes, se debe garantizar primero el sustento y la dote de las hijas, incluso si eso deja a los hijos varones sin nada (Ketubot 108b).
Las hijas de Tzelofjad nos enseñan que la fe auténtica no es pasiva: es la valentía de presentarse ante Dios y ante la autoridad con claridad, respeto y convicción. Ellas no reclamaron privilegios; reclamaron justicia. No exigieron excepciones; pidieron coherencia con la Torá misma.
Su historia nos invita a preguntarnos:
¿Dónde estamos llamados hoy a levantar la voz con humildad y firmeza?¿En qué áreas de nuestra vida debemos reclamar nuestra porción espiritual, nuestra morashá, aquello que no se recibe por inercia sino por compromiso?
Que aprendamos de estas mujeres a no conformarnos con lo que “siempre ha sido”, sino a buscar lo que debe ser. Que tengamos el coraje de acercarnos a Dios con preguntas sinceras y la disposición de escuchar Su respuesta.
Y que, como ellas, vivamos de tal manera que nuestra fe no solo nos sostenga, sino que abra caminos para las generaciones que vienen detrás.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)
Notas
*Morashá es una herencia que no basta con recibirla: hay que apropiársela, estudiarla, vivirla, cuidarla.
** Yerushá es la herencia que se recibe sin esfuerzo, simplemente por pertenecer a una familia o a un linaje.


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