Algo para Pensar — Parashá Pinjás (miércoles, 1 julio  2026) Tiempo de lectura: 3 minutos 


¡Shalom, Shalom Lekulam!


“Hostigad a los madianitas y heridlos, porque ellos os acosaron con sus artimañas, con las que os sedujeron respecto a Baal‑Peor, y por causa de Kozbí, hija de un jefe madianita, que murió el día de la plaga provocada por Baal‑Peor” (Números 25:17–18).


¿Por qué fue ejecutada Kozbí? ¿Su muerte se debió a la seducción sexual que ejerció sobre un israelita, o al hecho de que ella y su clan estaban entregados al culto de Peor?


Rashi, consciente de la complejidad del texto, explica que la intención última de los madianitas — y la razón por la que enviaron a sus hijas a tentar a los hombres de Israel — era llevarlos a la idolatría de Peor.

Existe, sin duda, una conexión profunda entre la inmoralidad sexual entre israelitas y mujeres extranjeras, y el culto a Peor, considerado la raíz de todas las idolatrías. Pero surge la pregunta: ¿cuál fue exactamente la transgresión principal? ¿La conducta sexual ilícita o la adoración del ídolo?


Una lectura cuidadosa del relato del acto de Pinjás revela una aparente ambigüedad, o quizá una fusión de ambas faltas. La Torá introduce el episodio diciendo:


“Israel estaba en Sitim; y el pueblo comenzó a fornicar con las hijas de Moab, quienes invitaban al pueblo a los sacrificios de sus dioses; y el pueblo comió y se inclinó ante ellos. Así se unió Israel a Baal‑Peor, y la ira del Eterno se encendió contra Israel” (Números 25:1–3).


De nuevo, ¿cuál fue el pecado central? ¿La prostitución ritual o la idolatría de Peor? 


Esta misma tensión aparece también en los comentarios rabínicos. Bilam es llamado “ben Beor” (Números 22:5), nombre que puede relacionarse con Peor. Y cuando Balac lo lleva “a la cima del monte Peor” (Números 23:28), Rashi comenta que Balac, experto en magia, sabía que Israel sería castigado por causa de Peor, lo cual apunta claramente a la idolatría.


Sin embargo, cuando el Talmud describe el perverso consejo que Bilam dio a las naciones para derrotar a Israel, lo presenta como un plan basado en la seducción sexual por parte de mujeres jóvenes extranjeras (Sanedrín 106a).


Así, surge la pregunta esencial: ¿cuál fue el crimen más grave — la inmoralidad sexual o la adoración de Peor? ¿Y qué es lo que realmente define esta idolatría?


La respuesta emerge al examinar la naturaleza del culto a Peor. La Mishná, en el tratado Sanedrín, enseña que Peor se adoraba defecando frente a él, un tipo de “ritual” que difícilmente parecería atractivo para cualquier devoto. Sin embargo, Peor gozaba de gran popularidad entre los moabitas y madianitas.


Podemos sugerir que la forma de servir a Peor transmitía un mensaje radicalmente opuesto a todo lo que el judaísmo enseña. Defecar es una función humana normal, que produce alivio. Y precisamente ese acto — lo más básico, lo más instintivo — era elevado a la categoría de culto.

El mensaje implícito es: haz lo que te resulte natural, haz lo que te haga sentir bien, deja fluir tus impulsos. Si algo nace de tu naturaleza, entonces es correcto expresarlo. Tu instinto se convierte en tu verdad.

El culto a Peor simboliza la tentación eterna de confundir lo que “me nace” con lo que “es correcto”. Es la voz que dice: “si me gusta, entonces está bien”. Frente a esa filosofía, la Torá nos recuerda que no todo impulso merece ser celebrado, y no toda inclinación debe convertirse en acción.


La historia de Kozbí y Peor nos invita a examinar nuestras propias lealtades:


¿Seguimos al Dios que nos llama a elevar lo humano, o al ídolo que nos invita a rebajarlo? ¿Escuchamos la voz del deber, o la voz del deseo disfrazado de verdad? 


Debemos aprender a distinguir entre lo natural y lo sagrado, entre lo que alivia y lo que eleva. Que nuestro servicio a Dios no sea una rendición a los impulsos, sino una respuesta consciente, libre y digna. Y que, como Pinjás, tengamos el valor de cortar de raíz aquello que amenaza nuestra integridad espiritual, para que la vida — y no la plaga — sea lo que prevalezca en nuestro interior.


¿Qué falta fue más grave: rendir culto a Peor o entregarse a la fornicación pública? En realidad, ambas cosas son una misma transgresión. El culto a Peor enseña que si alguien siente deseos de fornicar, simplemente lo hace, sin importar el momento ni la persona.

Según esta lógica, el impulso es suficiente para justificar el acto.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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