
Algo para Pensar — Parashá Pinjás (lunes, 29 junio 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!“
Entonces el Eterno habló a Moisés: ‘Pinjás, hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, ha apartado mi furor de los hijos de Israel, al actuar con celo por Mí en medio de ellos; por eso no consumí en mi celo a los hijos de Israel. Por tanto, diles: Yo establezco con él mi pacto de paz…’” (Números 25:10–12).
El pecado cometido por Zimri colocó su muerte en un terreno moral sumamente complejo. Por un lado, la Torá afirma que su conducta merecía la pena capital. Pero, por otro lado, no delega la ejecución en el sistema judicial habitual; en cambio, establece una categoría excepcional: “los zelotes deben castigarlo”.
Surge entonces la pregunta: ¿quién puede ser considerado realmente un zelote?Cuando una sentencia se lleva a cabo tras un juicio formal, con testigos y veredicto, la preocupación por las motivaciones personales de jueces y ejecutores es menor.
Su actuación puede medirse frente a normas claras. Pero el caso del zelote es distinto: actúa por iniciativa propia, sin proceso judicial, y por eso sus intenciones son cruciales. Su legitimidad depende por completo de lo que lo mueve a actuar.
¿Está el supuesto “zelote” verdaderamente impulsado por el deseo de calmar la ira divina? ¿O está aprovechando una oportunidad religiosa para canalizar su propia agresividad bajo un disfraz sagrado? ¿Su acción nace del anhelo de restaurar la relación entre Dios y Su pueblo, o es simplemente violencia envuelta en un manto de legalidad?Un auténtico zelote es alguien totalmente desinteresado, cuyo único interés es la armonía entre Dios e Israel.
En el momento en que entran en juego sus emociones, prejuicios o impulsos personales, deja de ser un zelote en el sentido que la Torá exige.A la luz de esto, las cuatro preguntas planteadas en la reflexión anterior se responden mutuamente. Las tribus sabían que el acto de Zimri justificaba la intervención de un zelote.
Sin embargo, dudaban profundamente de las motivaciones de Pinjás.¿Por qué — se preguntaban — nadie más, ni Moisés, ni los ancianos, ni ningún otro líder, sintió el impulso de actuar? ¿Cómo es que solo Pinjás, “el más joven,” asumió este rol? ¿Acaso era él el más puro y altruista de todos?
Muchos sospechaban lo contrario: que se trataba de un joven iracundo que había encontrado una vía “permitida” para expresar su violencia. Y cuando recordaron el pasado familiar de Pinjás, sus sospechas parecieron confirmarse.
¡Por supuesto! ¡Miren a su abuelo – materno – Jetró!Aunque su idolatría no es el punto central, su oficio — engordar animales para sacrificios paganos — parecía reflejar una personalidad dura. Quizá Pinjás había heredado esa crueldad y simplemente la había revestido con el ropaje de un “celo santo.”
Por eso Dios interviene para vincular de forma explícita a Pinjás no con Jetró, sino con Aarón, el hombre más pacífico y conciliador que Israel conoció. Aarón, “amante y perseguidor de la paz,” era famoso por su amor a la humanidad y su capacidad de acercar a las personas a la Torá.
Lo que importa aquí no es el rango sacerdotal de Aarón, sino su carácter. Dios declara que Pinjás se parece a ese abuelo (paterno): no es un hombre inclinado a la violencia, sino lo opuesto. Su acto no brotó de impulsos personales, sino de un corazón pacífico que buscaba detener la destrucción del pueblo. Pinjás actuó únicamente para “apartar mi ira de los hijos de Israel”.
La figura de Pinjás nos invita a mirar hacia adentro y preguntarnos desde dónde actuamos cuando defendemos aquello que consideramos sagrado. No toda pasión es celo, y no toda firmeza nace de la verdad. La Torá nos enseña que incluso las acciones más justas pueden corromperse si brotan del ego, del enojo o de heridas no resueltas.
Pinjás fue bendecido con un pacto de paz porque su interior estaba en paz; porque su mano no se movió hasta que su corazón estuvo alineado con la voluntad divina.
Aprendamos de él a purificar nuestras intenciones antes de levantar la voz, antes de corregir, antes de intervenir. Que cada acto nuestro — firme o suave, público o silencioso — sea fruto de un espíritu que busca reconciliar, no dividir; sanar, no herir; acercar, no expulsar.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)


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