Algo para Pensar — Parashá Jucat-Balak (viernes, 26 junio  2026) Tiempo de lectura: 3 minutos 


¡Shabbat Shalom Lekulam!

“Entonces el Eterno abrió la boca del asna, y ella habló a Balaam…” (Números 22:28)


En la actualidad, ¿sigue Dios comunicándose con nosotros? Si es así, ¿dónde deberíamos buscar Su voz?

Una posible respuesta surge de una lectura hecha desde la perspectiva jasídica de uno de los episodios más sorprendentes de toda la Torá: el momento en que el asna de Bilam comienza a hablar.

Bilam, figura central de la parashá Balak, suele ser descrito como un hombre perverso, caracterizado por “un ojo malvado, un espíritu altivo y un alma codiciosa” (Mishná Avot 5:22).

Los hechos narrados en la porción semanal parecen confirmar este juicio: por la paga adecuada y la promesa de poder, Bilam estuvo dispuesto a traicionar toda integridad y maldecir al pueblo de Israel.


Sin embargo, existe otra tradición que lo presenta de manera muy distinta. El Sifrei, comentando Vezot HaBerajá, afirma que en Israel nunca surgió un profeta comparable a Moshé, “pero entre las naciones sí hubo uno semejante, y ese fue Bilam”.


¿Cómo puede el Midrash colocar al corrupto y ambicioso Bilam en un nivel paralelo al de Moshé, el redentor de Israel y transmisor de la revelación divina en el Sinaí? ¿Qué punto de contacto podría existir entre ambos?


Quizá la clave esté en el elemento más extraordinario de la historia de Bilam: su encuentro con el asna. Cuando Bilam se dirigía junto a Balak, rey de Moab, para maldecir a Israel, su fiel animal se detuvo repetidamente, negándose a avanzar.


Bilam, enfurecido, golpeó al asna… hasta que ocurrió lo imposible: “Dios abrió la boca del asna, y ella habló a Bilam” (Números 22:28). El animal había visto lo que el profeta no: un ángel de El Eterno bloqueando el camino, espada en mano, para reprocharle su intención de maldecir al pueblo bendecido por Dios.


La reacción de Bilam, resumida en una sola frase — “He pecado” (Números 22:34) — marca un giro decisivo. A partir de ese momento, y para disgusto de Balak, Bilam pronuncia bendiciones de una belleza poética que recuerdan los cánticos de Moshé en Deuteronomio.

Pero lo más notable es que Bilam recibe una revelación divina a través de la voz de un asna. La Mishná considera este milagro tan fundamental que incluye la pi ha’atón — la “boca del asna” — entre las diez cosas creadas en el crepúsculo previo al primer Shabat de la creación (Avot 5:8).


Esto nos enseña que no se trata de una fábula ni de un sueño, sino de un fenómeno inscrito en el diseño mismo del universo: una boca destinada a hablar una vez, para que su mensaje resuene a lo largo de las generaciones. 


Este mensaje afirma que ningún líder de las naciones podrá destruir a Israel, y que quienes se acerquen con intención de maldecir terminarán proclamando bendición.

Queda, sin embargo, una pregunta profunda: ¿por qué el Todopoderoso eligió precisamente a un asna — una criatura humilde y poco distinguida — como portadora de Su palabra para Bilam?La historia nos invita a mirar con otros ojos nuestra propia vida espiritual.

Si Dios eligió la boca de un asna para despertar a Bilam, ¿cuántas veces intenta hablarnos a través de voces que consideramos insignificantes, interrupciones que nos irritan o caminos que se cierran sin explicación?


Quizá la pregunta no sea si Dios sigue hablando, sino si nosotros seguimos escuchando. La invitación es clara: abre tus sentidos, tu mente y tu corazón.


Permite que lo inesperado te detenga, que lo humilde te enseñe, que lo pequeño te revele lo grande. 


Es que a veces la palabra divina no llega envuelta en grandeza, sino en la forma más sencilla, esperando que tengamos la valentía para detenernos y decir, como Bilam: “He pecado… no había visto.”

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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