
Algo para Pensar — Parashá Jucat-Balak(lunes, 22 junio 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shavua Tov Lekulam!
«Moisés y Aarón reunieron a la congregación frente a la roca, y Moisés les dijo: “¡Escuchad ahora, rebeldes! ¿Acaso podremos sacar agua de esta roca para vosotros?” Luego Moisés alzó su mano y golpeó la roca dos veces con su vara; brotó abundante agua, y bebieron la comunidad y sus animales» (Números 20:10‑11).
REFLEXION
Moisés entra en la historia golpeando al egipcio, y sale de ella golpeando la roca. Su primer acto — matar al capataz egipcio — fue un gesto de amor hacia su pueblo, un acto de valentía que lo obligó a abandonar la casa del faraón.
Su segundo golpe, dirigido no solo a la roca sino también a los israelitas — a quienes llama “rebeldes” justo antes de hacerlo — nace de la ira reprimida y de la profunda frustración ante una nación que había desafiado repetidamente su liderazgo y el de Dios.
El rabino Yaakov Harlap (1883‑1951), discípulo cercano del rabino A. I. H. Kook, explica este cambio en la actitud de Moisés distinguiendo entre dos términos que suelen considerarse sinónimos: kehal (asamblea) y edah (comunidad).
Una asamblea es simplemente una multitud de individuos reunidos, personas diversas sin una unidad interna. Una comunidad, en cambio, está unida por un propósito común y por un compromiso con la continuidad histórica.
De hecho, edah significa literalmente “testigo”: la supervivencia del pueblo judío, pese al exilio y la persecución, es un testimonio viviente de la presencia de Dios y de la misión de Israel: llevar a la humanidad hacia un mundo redimido.
Con esto en mente, volvamos al relato bíblico. Tras la muerte de Miriam, los pozos del desierto se secan y los israelitas se agolpan desordenadamente (vayikahalu) para quejarse ante Moisés y Aarón. En respuesta, Dios instruye a Moisés:
“Toma la vara, reúne a la comunidad (hak’hel et ha’edah), tú y Aarón, y hablad a la roca ante sus ojos; ella dará su agua, y sacarás agua para la comunidad (ha’edah) y para sus animales” (Números 20:8).
Dios ordena reunir a la comunidad, pero el texto dice que Moisés y Aarón reúnen a la asamblea (vayakhilu …hakahal) frente a la roca (20:10).
La lectura literal sugiere que Dios quería que Moisés mirara más allá de la multitud quejosa y reconociera en ella a los testigos de lo divino: el potencial espiritual del pueblo, los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob, de Sara, Rebeca y Lea, y los antepasados de Yishai, David y el futuro Mesías.
Dios esperaba que Moisés viera no solo la masa enfurecida, sino la grandeza latente de Israel, la misma nación que había proclamado su deseo de ser «un reino de sacerdotes y una nación santa» y que había cantado al unísono en el Mar de los Juncos: «El Señor reinará por siempre jamás.»
Pero Moisés, herido y decepcionado por lo que percibía como ingratitud, solo veía una multitud de individuos quejosos: antiguos esclavos temerosos, un pueblo que había bailado ante un becerro de oro, un Datán y un Avirán que se negaban incluso a presentarse ante él, una masa paralizada ante los cananeos.
Su estado psico-emocional le impedía ver a la comunidad como testigo y solo veía a la asamblea desordenada. Habló a lo que tenía delante, no a lo que ese pueblo podía llegar a ser; no a la grandeza histórica de Israel, sino a su estado inmediato.
Y así, incapaz de hablar con amor, solo pudo reaccionar con ira. Un líder en ese estado ya no podía guiar a la nación hacia el cumplimiento de su destino histórico.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)


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