Algo para Pensar — Parashá Koraj (viernes, 19 junio  2026) Tiempo de lectura: 3 minutos)

¡Shabbat Shalom Lekulam!

«Y el Eterno habló a Moisés y a Aarón, diciendo: “Apártense de esta congregación, pues en un instante los consumiré”. Ellos cayeron sobre sus rostros y dijeron: “Dios, Dios de los espíritus de toda carne, ¿acaso ha pecado un solo hombre…?” (Números 16:20‑22).


Este diálogo entre Dios, Moisés y Aarón ocurre en pleno levantamiento de Koraj, quien cuestionó la autoridad de Moisés y el nombramiento de Aarón como sumo sacerdote. 


Koraj no actuó solo: logró arrastrar consigo a doscientos cincuenta hombres destacados de Israel, convenciéndolos de sumarse a su desafío.


En medio de la tensión, Dios se revela a Moisés y Aarón y les anuncia que destruirá a los rebeldes. Es entonces cuando los dos hermanos pronuncian la súplica citada en los versos iniciales.


Unos cuatro siglos antes, Abraham había presentado un razonamiento parecido. Al enterarse de que Dios estaba por destruir las ciudades corruptas del valle de Sodoma, «Abraham se acercó y dijo: “¿Vas a exterminar al justo junto con el culpable? Supongamos que hay cincuenta justos en la ciudad: ¿aun así la destruirías y no perdonarías el lugar por amor a ellos? Lejos de Ti hacer tal cosa, matar al justo junto con el malvado… ¿Acaso el juez de toda la tierra no hará justicia?” (Génesis 18:23‑25).


Pero Moisés va un paso más allá que Abraham


Abraham pidió que los justos no fueran castigados junto con los malvados, e incluso que la presencia de justos pudiera salvar a toda la ciudad. Moisés, en cambio, pide algo más sutil: que Dios distinga entre los propios malvados. Esto se desprende de su frase: «Si una sola persona peca…»


Es decir, Moisés no está simplemente pidiendo que Dios diferencie entre “Koraj y su comunidad” y el resto del pueblo — eso sería evidente, como ya había dicho Abraham: «¿Acaso el juez del mundo entero no actuará con justicia?»— 


Lo que Moisés solicita es que Dios distinga entre Koraj, el instigador, y aquellos que fueron arrastrados por su influencia. Entre quien peca por esencia y quienes pecan por haber sido seducidos.


Por eso es tan significativa la primera línea de su súplica: «Oh Dios, Dios de los espíritus de toda carne.» Rashi explica que esta expresión alude a la mente particular de cada ser humano. 


Dios, que otorga a cada persona su modo de pensar, puede ver más allá del acto externo y penetrar en las motivaciones y disposiciones internas. No solo observa lo que se hizo, sino el espíritu con que se hizo.


Este es el fundamento del argumento de Moisés: Tú, que eres el “Dios de los espíritus de toda carne,” puedes distinguir entre el individuo verdaderamente culpable y la multitud que, aunque ha obrado mal, fue engañada o manipulada.


Según los sabios, Dios acepta esta petición. Así lo recoge Rashi al comentar el versículo: «Dios les dijo: Has hablado bien. Yo sé — y haré saber— quién pecó y quién no pecó» (Rashi a Números 16:22).


Discernamos como lo hizo Moisés Rabenu: no juzguemos solo actos, sino corazones. Busquemos comprender motivaciones y actuar con justicia al establecer una diferencia entre el instigador y el instigado/a.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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