Algo para Pensar — Parashá Beja’alotejá (miércoles, 3 junio  2026) Tiempo de lectura: 3 minutos)

¡Shalom, Shalom Lekulam!


«Y dijo Moisés a El Eterno: ¿Por qué has hecho mal a tu siervo? ¿Y por qué no he hallado gracia en tus ojos, que has puesto la carga de todo este pueblo sobre mí?» (Números 11:11)

La dolorosa realidad es que los israelitas terminaron perdiendo su orientación espiritual porque comenzaron a sentirse distantes — incluso desconectados — de Moisés. 


Aquel líder apasionado que, al inicio, había encendido en los esclavos de Egipto una visión de libertad para servir al Dios de compasión, ética y paz, y que los había convocado a un proyecto universal para proclamar a Dios como Rey del mundo (Éxodo 15:18), ya no lograba sostener ese impulso. Su energía, su claridad y su capacidad de inspirar parecían haberse debilitado. ¿Qué le ocurrió?


Quizá se debió a que su cercanía constante con Dios, su dedicación total a recibir la Torá, lo dejó sin el tiempo, la paciencia y la fuerza necesarios para educar gradualmente a un pueblo testarudo y siempre insatisfecho.


Gersónides (Ralbag) incluso interpreta que cuando la Torá dice que los israelitas “no escucharon a Moisés por su impaciencia”, se refiere a la incapacidad del propio Moisés para seguir motivándolos en su misión de redención universal (Éxodo 6:9). Tal vez, simplemente, Moisés estaba exhausto; una nación tan quejosa podía desgastar incluso a alguien como él.


Esta lectura nos permite ver el hilo conductor de la porción de Beha’alotejá: la necesidad de líderes capaces de reavivar la chispa, renovar la visión y ayudar a Moisés a encaminar nuevamente al pueblo hacia su destino pactado.


Por eso, tras designar a Aarón como encargado de encender la Menorá, la Torá explica que los primogénitos perdieron su rol inicial de liderazgo frente a los kohanim, pues habían participado en la adoración del Becerro de Oro y se habían desviado hacia falsos dioses.


Luego, la porción enseña que quienes estaban ritualmente impuros y no podían participar del sacrificio pascual en la fecha establecida debían recibir una segunda oportunidad (Pesaj Shení). 


Esta oportunidad adicional incluía, no solo a quienes estaban lejos físicamente, sino también a quienes estaban distantes en lo psicológico, emocional o espiritual; incluso a quienes se encontraban cerca del Templo pero carecían del deseo de participar (Números 9:9; Rashi). El liderazgo auténtico debe alcanzar también a los que se sienten alejados.


Los guías espirituales debemos transmitir al pueblo que Dios los conduce — con nube de día y fuego de noche — y deben infundirles el valor necesario para defender su misión y su futuro, incluso si eso implica ir a la guerra.


El liderazgo también debe orientar hacia la Torá: un marco moral y un estilo de vida expresado en celebraciones sagradas, capaz — cuando se vive plenamente — de dispersar a los enemigos.

Finalmente, Yitró, quien en su momento aconsejó a Moisés sobre la necesidad de un sistema de liderazgo judicial más amplio, decide regresar a Midián. Tal vez percibió la crisis que se avecinaba, pero Moisé no escuchó su advertencia a tiempo para evitarla.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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