
Algo para Pensar — Parashá Devarim (viernes, 17 julio 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shabbat Shalom Lekulam!“
Sión será redimida por medio de la justicia, y quienes regresen a ella por medio de la compasión” (Isaías 1:27).
A lo largo de esta semana hemos señalado que Tishá B’Av suele coincidir con los días posteriores a la lectura de la parashá Devarim. De hecho, este Shabat recibe el nombre de Shabat Jazón por la primera palabra de la haftará: “La visión (jazón) de Isaías hijo de Amós, que vio acerca de Judá y Jerusalén” (Isaías 1:1).
Sin embargo, el término jazón suele asociarse con una visión elevada, inspiradora, que anticipa un futuro luminoso. Y aunque el último versículo de la haftará sí apunta hacia esa esperanza, la mayor parte del texto es una dura denuncia contra un pueblo que ha reemplazado la bondad auténtica por rituales vacíos:
“Estoy cansado de vuestros holocaustos… mi alma aborrece vuestras lunas nuevas y festividades… no se hace justicia al huérfano, ni se atiende la causa de la viuda” (cf. 1:11, 14, 23).
Entonces, ¿por qué llamar a este Shabat precisamente Shabat Jazón?
Además, la lectura bíblica asignada a Tishá B’Av — un día marcado por la tragedia y el duelo — resulta sorprendentemente alentadora. Pero no siempre fue así.
La tradición talmúdica relata que durante los cuarenta años en el desierto, cada israelita tenía que cavar su propia tumba y dormir en ella la noche de Tishá B’Av; al amanecer, quienes seguían con vida salían de ella, mientras miles morían cada año en ese día.
En tiempos de la Mishná (100 a. C. – 200 d. C.), la lectura para Tishá B’Av era el relato del pecado de los exploradores (Meguilá 11b), el episodio que selló el destino de la generación del desierto y retrasó la entrada a la tierra de Israel.
Más tarde, el Talmud (Meguilá 31b) registra un cambio: se sustituyó esa lectura por un pasaje de Va’etjanán, una sección que habla del exilio y del retorno (Deut. 4:25–40), que concluye con la promesa donde, tras el arrepentimiento, Israel prolongará sus días en la tierra que Dios les dio para siempre.
Puedo comprender que en Tishá B’Av se recuerde la causa de nuestra condena en el desierto, un día que simboliza destrucción y dispersión. Lo que me resulta difícil es entender porqué, en un día tan oscuro, leemos textos que hablan de retorno, de teshuvá, de esperanza.
Esa lectura parece más apropiada para el Shabat posterior a Tishá B’Av, conocido como el Shabat de Consuelo, no para antes.Tishá B’Av nos enseña que incluso en los días más sombríos, la tradición insiste en sembrar una chispa de esperanza. La visión de Isaías, aunque comienza con reproche, termina con la promesa de una redención nacida de la justicia y la compasión.
Quizá la enseñanza es esta: no esperamos a que pase la oscuridad para hablar de luz; la proclamamos desde dentro de ella.
Que lo aprendido nos inspire a no rendirnos ante nuestras propias ruinas, abuscar la justicia cuando todo parece quebrado y a practicar la compasión incluso cuando el corazón está herido. Solo así, como dice el profeta, Sión — y cada uno de nosotros — puede ser verdaderamente redimida.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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