Algo para Pensar — Parashá Nasó (miércoles, 27 mayo 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos)

¡Shalom, Shalom Lekulam!

Toma la cuenta de los hijos de Coat, de entre los levitas, por sus familias y por las casas de sus padres” (Números 4:2).


La calidad moral y espiritual de una sociedad suele reflejarse en las personas a quienes decide honrar.

Los héroes que un pueblo elige revelan mucho sobre sus valores: basta observar si celebra a toreros o poetas, a militares o pensadores, a políticos o músicos, a magnates o a líderes espirituales.


Con esta idea en mente, es pertinente preguntarnos qué tipo de sociedad propone el judaísmo y hasta qué punto los judíos hemos logrado, en la práctica, acercarnos a ese ideal.


Al final de la parashá Bamidbar se ordena realizar un censo y asignar funciones a la familia de Coat, perteneciente a la tribu de Leví (4:2). La parashá Nasó continúa con el mismo proceso, esta vez asignando responsabilidades a la familia de Gersón.


Esto plantea una pregunta clásica: ¿por qué Coat recibe prioridad sobre Gersón, si Gersón era el primogénito? 


El Midrash (Números Rabá 6:1) responde con claridad: aunque Gersón era el mayor, Coat fue honrado cuando se le encomendó la misión de transportar el arca que contenía la Torá. Por ello, su rango superó al del primogénito.


De aquí aprendemos que el honor debido al estudio de la Torá supera incluso el honor debido al primogénito. En otras palabras, la erudición y el estudio ocupan el lugar más alto en la escala de valores judía.


La Halajá establece un orden claro de respeto hacia distintas figuras, y ese orden refleja la jerarquía ideal de la sociedad judía: en la cima se encuentra el sabio, el estudioso. 


A diferencia de Platón, los rabinos no colocaron al “rey filósofo” como figura suprema del poder político. No identificaron la sabiduría con la autoridad gubernamental. Más bien, otorgaron el máximo honor al jajam, el sabio, y después al melej, el rey.


La Tosefta (Horayot 2:8) establece el orden de precedencia así: sabio, rey, sumo sacerdote y profeta. Estos son los verdaderos héroes de la sociedad judía.


¿Por qué el profeta aparece en último lugar, si la tradición lo reverencia profundamente?

Incluso en la bendición de la haftará mencionamos a Dios que “elige la Torá, a Moisés su siervo, a Israel su pueblo y a los profetas de verdad y justicia”.


La razón es que la profecía surge como respuesta a un problema. El profeta no es un adivino que predice el futuro; su función principal es reprender, corregir, llamar al pueblo a volver a Dios y a la Torá.

Las advertencias sobre el futuro son solo una parte de su misión de tohajá. Por eso, la figura del profeta solo se vuelve necesaria cuando el pueblo ha caído en errores profundos. Como enseñan los rabinos (Nedarim 22b), si Israel no hubiera pecado, no habría sido necesario ningún libro más allá de los Cinco Libros de Moisés y el libro de Josué.

Elige conscientemente a quién admiras: dedica tiempo cada semana a aprender de alguien cuya vida encarne sabiduría, integridad y disciplina espiritual.

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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