
Algo para Pensar — Parashá Nasó (domingo, 24 mayo 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos)
¡Shavua Tov Lekulam!
Esta semana estudiamos Parashá Nasó. Esta es la 35.ª porción semanal de la Torá en el ciclo anual judío de lectura de la Torá.
Porción de la Torá: Números 4:21-7:89
Nasó (“Hagan un censo”), la porción más extensa de la Torá, comienza detallando las responsabilidades de los levitas. También describe las leyes sobre la mujer sospechosa de adulterio (sotah), el nazareo y la bendición sacerdotal. La porción termina enumerando las ofrendas que los jefes de cada tribu traen al Mishkán (Tabernáculo).“
Habla a los hijos de Israel y diles: Si la mujer de alguno se desvía y le es infiel…”(Números 5:12)
“Quien ve a una sota en desgracia se apartará del vino.” (Talmud, Sotah 2a)
En la parashá Nasó se presentan las leyes relativas a la sotá, la mujer cuyo esposo sospecha de infidelidad y le prohíbe aislarse con un hombre específico. Si dos testigos confirman que ella ignoró la advertencia y se recluyó con ese hombre, el esposo la lleva al Bet HaMikdash, donde debe beber unas aguas especiales.
Si realmente cometió adulterio, esas aguas la destruyen, provocando que su cuerpo se hinche. Pero si es inocente, la Torá promete bendición para ella y para su descendencia.
Justo después de este tema, la Torá introduce las leyes del nazir, alguien que hace un voto de abstinencia del vino y de todo producto derivado de la uva.
La Guemará pregunta porqué la Torá coloca estos dos temas uno junto al otro, y responde: “Quien ve a una sota en su desgracia se distanciará del vino.” Es decir, quien presencia el ritual de la sota en el Santuario reaccionará adoptando las restricciones propias del nazir.
¿Por qué la respuesta adecuada ante la escena de la sota es convertirse en un nazir?
Los seres humanos somos profundamente influenciables. Todo lo que vemos y escuchamos puede moldear nuestra mente y nuestro carácter. Al presenciar las terribles consecuencias del adulterio de la sota, una persona puede sentirse motivada a evitar ese tipo de conducta.
Pero, al mismo tiempo, ver a alguien que ha cometido un pecado tan grave puede disminuir la sensibilidad hacia la gravedad de ese acto. Lo que antes parecía inconcebible empieza a entrar en el terreno de lo imaginable.
El pecado deja de verse como algo remoto o prohibido tornándose en una posibilidad más cercana. En otras palabras, la escena puede alejarnos del mal… o acercarnos a él.
Por eso, quien presencia el caso de la sota puede sentir la necesidad de asumir las restricciones del nezirut. Es posible que la caída moral de la sota comenzara con algo aparentemente inocente: una copa de vino socialmente compartida. El vino enturbia el juicio y puede llevar a decir o hacer cosas que jamás se habrían considerado en estado sobrio.
Quien ha visto a una sota — y cuya repulsión natural hacia ese pecado puede haberse debilitado por la exposición — debería tomar medidas preventivas para no caer en el mismo abismo. Declararse nazir es una forma de protegerse.
Si presenciar el castigo de la sota puede insensibilizar a una persona ante la gravedad del adulterio, cuánto más lo hará ver ese mismo pecado presentado como algo normal o incluso admirable.
Hoy día, muchas series de televisión y películas retratan el adulterio como una conducta aceptable, una opción válida para personas casadas, e incluso como algo deseable.
Esta exposición tiene un impacto profundo: comportamientos que antes parecían repugnantes o imposibles empiezan a verse como alternativas posibles. Aunque no lleve a cometer el acto, sí altera la percepción, especialmente respecto al matrimonio.
Nadie desea que mensajes así penetren en su mente. Por eso debemos evitar exponernos — y exponer a nuestros hijos/as — a contenidos que normalizan la inmoralidad, preservando nuestra sensibilidad frente a la gravedad de conductas éticamente destructivas.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)
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