Algo para Pensar — Parashá Matot Masei (miércoles, 8 julio  2026) Tiempo de lectura: 3 minutos


¡Shalom, Shalom Lekulam!

“El Eterno habló a Moisés diciendo: ‘Haz la venganza de los hijos de Israel contra los madianitas; después serás reunido con tu pueblo’” (Números 31:1–2).

Moshé no intenta evadir la orden ni buscar excusas. Permanece fiel a su misión, actuando como el hombre de halajá que siempre fue. Esto se aprecia en el centro de la parashá, donde se relata la venganza contra Midián. 

Apenas recibe el mandato divino, Moshé organiza de inmediato el operativo para cumplirlo. Pero surge la pregunta: ¿era realmente necesario que él lo hiciera tan pronto?

El Midrash comenta:

“‘Venga la venganza de los hijos de Israel contra los madianitas; después serás reunido con tu pueblo’ (Bemidbar 31:2). Rabí Yehuda dijo: Si Moisés hubiera deseado vivir más años, habría podido hacerlo, pues el Santo, bendito sea, le dijo: ‘Venga, y después serás reunido’, condicionando su muerte al castigo de Midián. Pero el texto revela la grandeza de Moisés. Él pensó: ‘¿Acaso se retrasará la venganza de Israel solo para que yo prolongue mi vida?’ Inmediatamente, ‘Moisés habló al pueblo diciendo: Armen hombres de entre ustedes para la guerra’” (Bemidbar Rabá 22:2).

Si Moshé hubiera postergado la batalla — y con ello su propia muerte — habría obligado al pueblo a permanecer más tiempo en el desierto. En lugar de eso, asume su última misión aun sabiendo que su cumplimiento aceleraría su partida.

Para él, incluso un solo día adicional en el desierto era un costo demasiado alto para Israel. El bienestar de la nación, de sus discípulos, pesaba más que cualquier interés personal. Por eso, con determinación y valentía, envía a Yehoshua a enfrentar a los madianitas.

Otro Midrash describe detalles del último día de vida de Moshé, relevantes para este tema. Una voz celestial proclamó: “Solo te quedan tres horas en este mundo.” Moshé respondió: “Señor del universo, permíteme quedarme con los hijos de Gad y los hijos de Rubén… y que Yehoshua gobierne y conduzca a Israel a la tierra prometida” (Otzar Midrashim, Eisenstein, p. 356).

Según este relato, Moshé propone permanecer en la región asignada a Gad y Rubén. Pero Dios le explica que esto es imposible. Si Moshé permaneciera vivo al otro lado del Jordán, ¿quién querría entrar a la tierra de Israel pudiendo quedarse cerca de él? Una figura como Moshé no puede simplemente retirarse y desaparecer de la vida pública.

Dios añade que tal situación terminaría por dañar la Torá misma. Y Moshé jamás aceptaría ser causa de perjuicio para el pueblo o para la Torá. En esas últimas horas, el Midrash relata que Moshé propone diversas formas de entrar a la tierra: por aire, por mar, incluso fragmentado en partes. Pero Dios responde cada vez que un juramento es un juramento, y no puede anularse.

Aquí el Midrash retoma el tema que hemos seguido: la fuerza del juramento. Una vez que Moshé acepta que el decreto es irrevocable, propone entonces quedarse con Gad y Rubén.

La diferencia entre Moshé y estas tribus es clara: Moshé no busca comprometer la integridad de la Torá ni el futuro del pueblo; en cambio, la decisión de Rubén y Gad terminó afectando negativamente a sus propios descendientes. La antigua imprudencia de Rubén — al insinuar que sus hijos eran prescindibles — reaparece para perjudicar a su linaje.

Ya sea por interés económico o por un afecto mal encauzado hacia Moshé, el mensaje que estas tribus transmitieron a sus hijos — que no eran su prioridad más sagrada — tuvo consecuencias devastadoras. Los hijos siempre aprenden de los valores y acciones de sus padres.

Por eso, la ribera oriental del Jordán se convirtió en un territorio marcado por la violencia y el derramamiento de sangre, y los descendientes de estas tribus fueron los primeros en caer.

La vida de Moshé nos enseña que la verdadera grandeza no se mide por cuánto prolongamos nuestra existencia, sino por cuánto estamos dispuestos a entregarnos por el bien de los demás. Él no retrasó su misión para ganar tiempo; aceleró su obediencia para que Israel avanzara. 

Su ejemplo nos invita a preguntarnos: ¿Qué decisiones tomamos pensando en nuestro propio beneficio, cuando deberíamos actuar por el bienestar de quienes dependen de nosotros?

Que cada paso que demos en esta tierra se convierta en un acto de responsabilidad, amor y fidelidad, para que nuestros hijos/as y nietos/as no hereden nuestras desviaciones, sino nuestra valentía.

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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