
Algo para Pensar — Parashá Matot Masei (domingo, 5 julio 2026) Tiempo de lectura: 4 minutos
¡Shavua Tov Lekulam!
Esta semana estudiamos Parashat Matot-Masei. Estas son la 42.ª y 43.ª porciones semanal de la Torá en el ciclo anual judío de lectura de la Torá.
Porción de la Torá: Números 30:2-36:13
Matot – “Tribus”
Esta porción comienza explicando cómo funcionan los votos y promesas en la tradición israelita: quién puede hacerlos, cuándo son válidos y en qué casos pueden anularse.
Después, el texto narra la guerra contra los madianitas, un conflicto que se presenta como respuesta a la influencia negativa que ese pueblo ejerció sobre Israel. Tras la batalla, se detalla cómo se reparte el botín, mostrando un sistema organizado y regulado.
Más adelante, las tribus de Rubén y Gad expresan su deseo de quedarse a vivir en tierras que están fuera de la Tierra de Israel, porque eran buenas para su ganado.
Moisés acepta, pero les pone una condición educativa y ética: primero deben ayudar al resto del pueblo a conquistar la tierra prometida; solo después podrán volver a asentarse donde eligieron.
Masei – “Viajes”
Esta última sección del Libro de Números abre con una lista de todos los lugares por los que los israelitas pasaron durante sus 40 años en el desierto. Es como un mapa narrado que ayuda a recordar el camino recorrido y las lecciones aprendidas.
Luego, Dios instruye al pueblo sobre lo que deben hacer al entrar en la Tierra de Israel:
• Eliminar la idolatría, para evitar que prácticas ajenas desvíen su identidad espiritual.
• Conocer los límites de la tierra, es decir, entender con claridad el territorio que se les asigna.
• Establecer ciudades de refugio, lugares seguros para quienes matan sin intención, donde pueden vivir protegidos mientras se juzga su caso. Esto enseña responsabilidad, justicia y compasión.
REFLEXION
«También Jair hijo de Manasés fue y tomó sus aldeas, y les puso por nombre Havot-jair. Asimismo Noba fue y tomó Kenat y sus aldeas, y lo llamó Noba, conforme a su nombre» (Números 32: 41-42).
וַיִּתֵּ֤ן מֹשֶׁה֙ אֶת־הַגִּלְעָ֔ד לְמָכִ֖יר בֶּן־מְנַשֶּׁ֑ה וַיֵּ֖שֶׁב בָּֽהּ׃וְנֹ֣בַח הָלַ֔ךְ וַיִּלְכֹּ֥ד אֶת־קְנָ֖ת וְאֶת־בְּנֹתֶ֑יהָ וַיִּקְרָ֧א לָ֦ה נֹ֖בַח בִּשְׁמֽוֹ׃
Los últimos versículos de la parashá Matot mencionan a dos miembros de la tribu de Menashé que conquistaron ciudades y les dieron nuevos nombres. Yair tomó varias aldeas en la región de Gilad y las llamó Javot Yair (“las aldeas de Yair”). Del mismo modo, Novah capturó un área llamada Kenat y la renombró con su propio nombre.
Rashi observa un detalle gramatical inusual en el versículo que habla de Novah: la expresión “Vayikrá lah” (“la llamó”) debería escribirse con un mapik heh, un punto dentro de la letra heh que indica que debe pronunciarse “lah”.
Sin embargo, en este caso la Torá la escribe sin ese punto.
Según Rashi, esta omisión alude a que el nombre que Novah quiso imponer no perduró; con el tiempo, la ciudad dejó de ser llamada así. Por eso, al leerse sin el mapik, la palabra suena como “lo” (“no”), insinuando que el nombre no se mantuvo.
Esto plantea una pregunta evidente: ¿por qué el nombre de Novah desapareció, mientras que Javot Yair sí se mantuvo y vuelve a mencionarse más adelante en el Tanaj? ¿Qué hizo que el nombre de Yair permaneciera, y por qué la Torá considera importante contarnos este detalle aparentemente menor?
El rabino Shimon Schwab explica que aquí se enseña una lección esencial sobre la relación correcta con la riqueza. Yair llamó a sus ciudades “las aldeas de Yair”, lo que indica que veía sus posesiones como algo significativo, pero secundario respecto a su identidad.
Novah, en cambio, dio a la ciudad exactamente su propio nombre, como si su riqueza y su persona fueran una misma y sola cosa. Esta actitud — confundir el valor personal con los bienes materiales — es lo que, según esta lectura, provocó que su nombre no perdurara.
Esta enseñanza milenaria sigue siendo relevante hoy.
Muchas personas hoy juzgan a los demás por su profesión, su nivel económico o su estatus. Cuando conocemos a alguien, solemos preguntar “¿A qué te dedicas?”, y si responde que es médico, abogado o corredor de bolsa, lo valoramos de inmediato debido al potencial beneficio que nos representa.
Pero si dice que trabaja en mantenimiento, tendemos a considerarlo menos importante. El mensaje que se desprende de la historia de Novah es que el valor de una persona no se mide por su riqueza ni por su posición social, sino por sus cualidades humanas y espirituales.
La Torá nos recuerda que los nombres que dejamos en el mundo — nuestra huella, nuestro legado — no se sostienen por lo que poseemos, sino por quiénes somos. Yair perduró porque entendió que las posesiones son herramientas, no identidades. Novah desapareció porque confundió su esencia con sus bienes.
La invitación es clara: que nuestro nombre permanezca no por lo que acumulamos, sino por lo que construimos en los demás. Que cada acto que llevemos a cabo así como cada palabra que pronunciemos reflejen una vida cuyo valor no depende de lo que tenemos, sino del cómo somos con nuestro prójimo.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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