
Algo para Pensar — Parashá Matot Masei (martes, 7 julio 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!
«Después Rubén volvió a la cisterna, y no halló a José dentro, y rasgó sus vestidos. Y volvió a sus hermanos, y dijo: El joven no parece; y yo, ¿adónde iré yo?» (Génesis 37:29-30)
Hoy podremos observar cómo el deterioro moral que más tarde se manifiesta en la petición de las dos tribus y media tiene raíces más antiguas. Para rastrear ese origen, volvemos a Bereshit, donde Rubén aparece repetidamente en un rol destacado. Uno de esos momentos es el episodio de la venta de Yosef. Allí Rubén interviene con valentía para intentar salvarlo de sus hermanos.
Sin embargo, en ese punto del relato no se hace explícita su motivación. Solo más adelante, cuando Yosef ya había sido vendido sin que Rubén lo supiera, el texto revela su reacción: «se rasgó las vestiduras… y dijo: “El joven se ha ido, ¿y qué será de mí?”» (Bereshit 37:29-30).
Lo que inicialmente parecía un acto heroico se revela como una expresión de la responsabilidad que sentía como primogénito. Si algo le ocurría a Yosef, él sería el responsable ante su padre.
Más adelante, cuando el gobernante egipcio exige que Benjamín sea llevado a Egipto para poder recibir más alimento, Rubén hace una propuesta extrema: ofrece que sus propios hijos sean ejecutados si Benjamín no regresa sano y salvo. Yaakov rechaza de inmediato esta oferta absurda, pero no podemos evitar preguntarnos qué impacto tuvo en esos niños saber que su padre estaba dispuesto a ponerlos en riesgo.
Esto nos lleva a una pregunta más profunda: ¿qué impulsó a Rubén a hacer semejante propuesta? ¿Acaso temía que, debido a sus errores previos, estuviera a punto de perder la doble porción del primogénito, y veía en esta oferta una oportunidad para recuperarla?
Sea como fuere, queda claro que Rubén no mostraba un aprecio especial por la vida de sus hijos. Por eso no nos sorprende que sus descendientes, generaciones después, también priorizaran las posesiones por encima de los hijos.
Es posible que Gad, también primogénito, se identificara con la situación de Rubén, sintiendo que la doble porción le correspondía por derecho. Esto podría explicar porqué Menashé se unió a ellos como tercera tribu. ¿Por qué Moshé lo eligió?
Tal vez porque, como hijo de Yosef, Menashé tenía la capacidad de mantenerse fiel a sus valores incluso en un entorno extranjero, pues Yosef mismo es el modelo del justo que resiste las tentaciones de la cultura que lo rodea.
Además, Menashé también era primogénito, y él también fue desplazado en favor de su hermano menor, más exitoso (cf. Bereshit 48:19). Es posible que estas tres tribus, al unirse, compartieran un sentimiento común: la experiencia de haber perdido los privilegios del primogénito.
Quizá su alianza se fortaleció precisamente cuando decidieron establecerse fuera de la tierra que, en cierto sentido, les correspondía más que a nadie.
Existe, sin embargo, otra lectura más elevada que puede iluminar la motivación de Rubén y Gad, y que también conecta las distintas secciones de la parashá. Cuando Dios ordena a Moshé subir al Monte Avarim para contemplar la tierra, el Midrash comenta:
«Cuando Moshé entró en la porción de los hijos de Gad y los hijos de Reubén, se regocijó y dijo: “¡Me parece que mi voto [el voto de Dios respecto a Moshé] ha sido anulado!» (Sifri, Pinjás 23; citado en Rashi, Bemidbar 27:12).
Después de golpear la roca, Moshé sabía que no podría entrar en la tierra de Israel; era el decreto divino. Pero aun así, ¿no existía alguna forma de que ese voto pudiera ser revertido?
Esta idea es desarrollada por otras fuentes midráshicas y jasídicas. El Sefat Emet, citando a Rav Simjá Bunim de Peshisjá, señala que la expresión «mikne rav» —“grandes rebaños”— puede leerse también como “una adquisición con su rav”, es decir, con su maestro. Según esta interpretación, las dos tribus estaban tan unidas a Moshé que no querían separarse de él.
El Piskei Teshuvá, citando al Jiddushei HaRim, explica esta enseñanza de la siguiente manera:
«Su intención era que Moisés entrara en la tierra de Israel, en virtud de esto… Una vez cumplida su parte del trato [capturar la tierra con las otras tribus], su porción alcanzaría el estatus de Israel… Por lo tanto, retroactivamente, cuando Moisés ocupa su porción, se encuentra en Israel, y el voto se rompe, y entonces puede entrar en Israel propiamente dicho. Esta era la intención de los hijos de Gad y Reubén, pero en realidad, antes de la captura y colonización de la tierra, esta porción no formaba parte de la tierra de Israel en absoluto.» (Piskei Teshuvá, vol. 2, sección 249, fn.)
La idea se basa en un detalle técnico de las leyes de los juramentos. En esencia: Dios había jurado que Moshé no entraría en la tierra; la región de Gad y Rubén aún no era parte de la tierra, pero lo sería en el futuro.
Si estas tribus pedían quedarse allí y cumplían con su compromiso militar, su territorio adquiriría el estatus de la tierra de Israel, y el voto divino quedaría anulado.
Desde esta perspectiva, la parashá adquiere una coherencia interna más profunda. Moshé enseña las leyes de los juramentos, incluyendo la posibilidad de anularlos.
Al escuchar esto, las tribus de Rubén y Gad concibieron un plan para permitir que Moshé entrara a la tierra. Y quizá, si el voto de Moshé podía revertirse, también podría revertirse la pérdida de la doble porción de Rubén. La historia de Rubén y de las tribus que lo siguieron nos invita a mirar hacia adentro. Nos recuerda que las prioridades de una generación pueden moldear — para bien o para mal — el destino de las siguientes.
Cuando el miedo, la inseguridad o el deseo de recuperar lo perdido nos llevan a sacrificar lo más valioso, terminamos transmitiendo un legado de confusión y dolor.
Pero también nos enseña que incluso en medio de decisiones equivocadas puede surgir un anhelo profundo: el deseo de permanecer cerca de la presencia de Dios, de no separarse del maestro, de encontrar una vía para restaurar lo que se quebró.
¡Qué nuestras decisiones de hoy construyan un futuro donde nuestros hijos sepan que siempre fueron lo primero!
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)


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