
Algo para Pensar — Parasha Bejar Bejukotai (lunes, 4 mayo 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos)
¡Shavua Tov Lekulam!
“El Eterno habló a Moisés en el monte Sinaí, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando entren en la tierra que Yo les entrego, la tierra descansará un reposo para el Eterno” (Levítico 25:1-2).
A partir de este versículo, la Torá expone con gran detalle las leyes de shemitá, el año sabático.
Los comentaristas destacan dos elementos llamativos. Primero, ¿por qué la Torá enfatiza que esta instrucción fue dada específicamente en el monte Sinaí? Y segundo, ¿por qué este mandamiento aparece con tanta precisión, cuando otros principios esenciales del judaísmo dependen casi por completo de la tradición oral, aquello que el Talmud describe como “montañas suspendidas de un hilo” (Jagigá 10a)?
Rashi, citando el Midrash, responde:
“¿Qué relación hay entre shemitá y el monte Sinaí? ¿Acaso no fueron todas las mitzvot entregadas allí? Así como shemitá fue enseñada en Sinaí con sus principios generales y sus detalles, así también todas las mitzvot fueron dadas con sus principios y detalles en Sinaí.”
Aunque esta explicación aborda ambas preguntas, deja abierta otra: ¿por qué elegir precisamente shemitá como ejemplo? Cualquier otra mitzvá podría haber servido. Debe existir algo fundamental en shemitá que justifique su elección como paradigma.
Rambam, en varios pasajes, alude a una tradición mística que ofrece una clave para comprender no solo las leyes del año sabático, sino su trasfondo espiritual.
Los Sabios — explica — señalaron que aquí se oculta uno de los grandes secretos de la Torá. Ibn Ezra ya lo insinuó al comentar: “El significado de un ‘Shabat para Dios’ es similar al del día de Shabat. Aquí se menciona el secreto de los años del mundo.”
Rambam añade: “Presta atención a lo que puedo transmitirte; si eres digno, lo comprenderás.” (Rambam sobre Vayikra 25:2)
Rambam cita a Ibn Ezra, quien alude a lo que él mismo llama “uno de los grandes secretos de la Torá”. La frase es enigmática, pero antes de analizarla, Rambam nos ofrece otros ejemplos donde menciona esta misma tradición esotérica.
Al comentar el primer versículo de la Torá, Rambam explica porqué el texto comienza con “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”.
La afirmación de que Dios creó y sostiene el universo es la base de toda la fe judía. Sin embargo, añade que el proceso mismo de la creación es un misterio profundo, imposible de comprender únicamente a partir de los versículos, y accesible solo mediante una tradición que se remonta a Moshé, recibida directamente del Todopoderoso. Quienes conocen este secreto, dice, deben guardarlo con discreción.
Ya sabemos por sus comentarios que shemitá está vinculada al Shabat — de ahí la expresión “un Shabat para Dios”—. En otro pasaje, al tratar sobre la esclavitud, Rambam vuelve a relacionar estos temas. Se pregunta porqué la Torá menciona la esclavitud antes que otras leyes en la parashá Mishpatim, y responde:
“Este mandamiento recuerda el proceso de la creación, igual que el Shabat. El séptimo año del siervo es un descanso total del trabajo, como el séptimo día de la semana. También existe un séptimo entre los años: el yovel (jubileo). Siete es el número elegido para los días, los años y los ciclos de shemitá. Todos apuntan a un mismo concepto: el secreto de la era del mundo… Por eso este mandamiento merece aparecer primero, pues alude a grandes misterios de la Creación.” (Rambam sobre Shemot 21:2)
Aquí Rambam vuelve a mencionar el “proceso de la creación”, pero ahora lo vincula con la duración del mundo. Esto implica que especular sobre la edad de la Tierra forma parte de los temas místicos que no deben enseñarse públicamente, lo que explica su cautela.
Rambam, uno de los grandes conocedores de la tradición esotérica de su época, probablemente habría relacionado shemitá con ideas místicas incluso sin la ayuda de Ibn Ezra. De hecho, escribe en otro lugar:
“Ibn Ezra insinuó que en este pasaje se alude al secreto de los años del mundo. No hay en sus escritos una afirmación más acertada que esta, que demuestra su profundo conocimiento de la Cábala.” (Escritos de Rambam, ed. Chavel, p. 117)
Rambam se refiere aquí a un texto de Ibn Ezra sobre la edad y duración del mundo. Él mismo conocía una enseñanza contenida en un antiguo tratado místico llamado Sefer HaTemunah, que describe un ciclo cósmico de shemitot que influye en la Creación y determina la duración de la existencia del universo.
Este será nuestro tema para la próxima reflexión.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




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