Algo para Pensar — Parasha Ki Tisa (martes, 3 marzo 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!
«Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido» (Éxodo 32:1)
El episodio del becerro de oro revela cómo una experiencia religiosa intensa, cuando no está enmarcada por la Torá, puede transformarse en una ilusión peligrosa.
El pueblo, enfrentado a la ausencia prolongada de Moisés, busca sustituir la guía divina con una imagen que creen reconocer, un símbolo que confunden con la presencia misma de Dios. Su error no nace de la idolatría primitiva, sino de una mala lectura de una experiencia espiritual previa.
La ansiedad de un pueblo sin guía
Cuando Moisés tarda en descender del Sinaí, el pueblo se acerca a Aarón con una petición que revela miedo y desorientación: “Haznos dioses que vayan delante de nosotros” (Éxodo 32:1).
No buscan negar a Dios, sino asegurar su presencia mediante algo visible, tangible, manipulable. La ausencia del líder que los sacó de Egipto los empuja a buscar un sustituto que puedan controlar. Pero ¿por qué un becerro? ¿Por qué esa forma específica?
Señalar con el dedo: la raíz del error
El Zóhar describe el pecado como un gesto: señalar con el dedo y decir “Aquí están tus dioses, Israel”. Ese gesto no es casual. Es un eco distorsionado de un momento anterior, luminoso y auténtico, en el que el pueblo también señaló con el dedo.
Al cruzar el mar, los israelitas proclamaron:
«El Eterno es mi fortaleza y mi cántico, y ha sido mi salvación. Este es mi Dios, y lo alabaré; Dios de mi padre, y lo enalteceré» (Shemot 15:2)
Rashi, citando el Midrash, explica: “Lo señalaron con el dedo”. En ese instante, incluso la persona más sencilla vio más que los profetas. La revelación fue tan intensa que la percepción humana se expandió más allá de sus límites habituales.
Pero esa visión, por sublime que fuera, no era conocimiento. Era experiencia. Y la experiencia, sin Torá, puede engañar.
La visión de los profetas y la confusión del pueblo
La Mejilta compara la visión del pueblo con las visiones proféticas de Yeshayahu y Yejezkel. Ambos contemplaron la Merkavá, la carroza celestial, pero desde perspectivas distintas:
• Yeshayahu, como un ciudadano acostumbrado a la presencia del rey.
• Yejezkel, como un aldeano sorprendido ante la majestuosidad real.
Yejezkel describe seres con cuatro rostros: humano, león, águila y toro. En su primera visión, el toro aparece explícitamente; en la segunda, ese rostro es llamado keruv, el mismo querubín que luego será parte del Mishkán.
Si el mandato de construir el santuario ya había sido dado, el pueblo pudo haber pensado que reproducir un becerro era continuar la obra divina, no traicionarla. El becerro evocaba la visión del toro/keruv que asociaban con la presencia de Dios. Creyeron que estaban recreando aquello que habían visto en el mar y que los profetas habían descrito.
La trampa de la experiencia sin Torá
El error del pueblo no fue querer a Dios, sino creer que lo comprendían. Señalaron en el mar y pensaron que esa visión les otorgaba autoridad para interpretar lo divino. Pero la experiencia espiritual, por intensa que sea, no sustituye la instrucción revelada.
El becerro de oro nace de esta confusión:
• confundir emoción con comprensión,
• confundir visión con conocimiento,
• confundir símbolo con presencia.
La Torá debía ser el marco que interpretara la experiencia, no al revés. Sin ese marco, la experiencia se vuelve peligrosa, porque el ser humano tiende a absolutizar lo que siente.
Una lección para toda generación
El episodio enseña que la espiritualidad auténtica no se sostiene solo en vivenciassubjetivas, por más profundas que sean. La revelación en el mar fue real, pero no era un manual. La Torá es la que da forma, límites y dirección a la experiencia.
Cuando la emoción se convierte en criterio, el «becerro» siempre vuelve a aparecer.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)
Deja un comentario