El valor espiritual de quienes viven en el “entre”

Por: Rabino Adin Steinsaltz, ז״ל

Las tres familias levíticas representan tres modos de estar en el mundo. Los hijos de Kehat cargaban los objetos más sagrados: el Arca, la Menorá, la Mesa. Su trabajo era físico, sí, pero también era un trabajo que rozaba lo milagroso. Nuestros Sabios enseñan que el Arca “cargaba a quienes la cargaban”. Hay personas así: tocan lo sagrado, y al hacerlo, parecen elevarse por encima del peso de la vida.

Los hijos de Merarí, por el contrario, cargaban vigas, bases, columnas. Trabajo duro, concreto, definido. Al final del día, podían señalar algo construido y decir: “Esto lo levanté yo”. También hay personas así: sólidas, estables, sin complicaciones internas, cuya misión es clara y cuyos pasos son firmes.

¿Y los hijos de Guershón? Ellos cargaban lo que quedaba: cortinas, cubiertas, cuerdas. No lo más sagrado. No lo más pesado. Lo intermedio. Lo que une, lo que cubre, lo que conecta. Y a veces, vivir en el medio es lo más difícil.

El kehatita sabe quién es. El merarita también. Pero el guershonita vive en tensión: demasiado elevado para conformarse con una vida simple, pero no lo suficientemente elevado para sentirse en las alturas. No puede descansar como el merarita, porque algo dentro de él lo empuja a buscar más. Pero tampoco puede volar como el kehatita. Vive, como dice Pirkei Avot, sin “la tranquilidad de los malvados ni el sufrimiento de los justos”. Vive en el espacio incómodo del “entre”.

Por eso la Torá le dice a Moshé: “Naso et rosh bnei Guershón gam hem” —“Eleva la cabeza de los hijos de Guershón, también a ellos” (Bamidbar 4:22). Ese también es un mundo entero. Es la Torá diciendo: no los olvides. No los dejes atrapados entre lo extraordinario y lo simple. Dales su propio espacio. Dales dignidad.

Porque la vida está llena de guershonitas. Personas que no encajan del todo en ninguna categoría. Personas que sienten demasiado para vivir en paz, pero no lo suficiente para sentirse en la cima. Personas que sostienen el tejido de la comunidad sin cargar el Arca ni levantar las vigas. Personas cuyo trabajo es a la vez servicio amoroso y carga silenciosa.

La Torá les dice: tu lugar no es menor. Tu misión no es secundaria. Lo que haces importa precisamente porque nadie más puede hacerlo. El mundo necesita de quienes cargan lo sagrado, de quienes cargan lo pesado, y sobre todo, de quienes cargan lo que une, lo que cubre, lo que mantiene todo en su sitio.

A cada guershonita de cada generación, la Torá le susurra: tu camino es tuyo, y tu servicio es indispensable. No eres un punto medio. Eres el tejido que sostiene el santuario.

Traducción y/o paráfrasis: drigs, CEJSPR

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