
Algo para Pensar — Parasha Vayechi (jueves, 1 enero 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!«Y yo te he dado a ti una parte más que a tus hermanos, la cual tomé yo de mano del amorreo con mi espada y con mi arco»(Génesis 48:22).
Jacob le regaló a José el vestido que El Eterno hizo para Adán.
Hoy analizaremos el segundo punto que los rabinos identifican en relación a este vestido. Se trata del diseño: el vestido tenía dibujos de pájaros volando.
Esto constituía el remedio para un segundo tipo de dificultad, muy inusual e inesperado que el poder y la prosperidad traen consigo. Un escritor, Max Lerner, afirmó que en los libros de historia del futuro, nuestra época no se llamará la Era Atómica, ni la Era del Hidrógeno, ni nada parecido. Se llamará la Era de la Úlcera.* Con la creciente prosperidad y el mayor nivel de calidad de vida, hemos heredado toda una serie de enfermedades causadas por la ansiedad que nos aprisiona.
En épocas pasadas, la gente apenas conocía o experimentaba toda esa gama de enfermedades que ahora llamamos con ese nombre tan rimbombante: «enfermedades psicosomáticas»; algo que nuestros antepasados habrían preferido llamar «an aingerreter krenk».**
¿Por qué la plaga de las migrañas, la necesidad de ir al psiquiatra, la omnipresente úlcera? Porque no sabemos qué hacer con nuestro poder y dinero; porque siempre buscamos aumentarlo; y esto, por otro miedo: que si no conseguimos más, lo perderemos todo.
En medio de todas estas bendiciones, sentimos una maldición: una especie de infelicidad obsesiva, una ansiedad neurótica, y por supuesto, la úlcera.
¿De qué sirven todas estas cosas si el precio que debemos pagar son uvas secas, crema dulce y un pote de Mylanta? Tenemos mejores camas y colchones, pero no podemos dormir por la noche. Maravillosos sofás reclinables, pero ya no podemos sentarnos y relajarnos, por el alto nivel de ansiedad. Tenemos televisores a color, y ni siquiera podemos mostrar una risa sincera no fingida; estamos demasiado preocupados buscando ser felices.
Nos devanamos los sesos ideando artilugios para ahorrar tiempo, y luego, cuando por fin llegamos temprano a casa, nos llevamos el trabajo en la mente y en el teléfono, sin tiempo para nuestras familias. Somos infelices, estamos ocupados, nerviosos, ansiosos, y por supuesto, con úlceras.
— José — debió decirle Jacob a su gran hijo —, José, no caigas víctima de estas plagas. No destruyas el valor de tu grandeza sometiéndote a la ansiedad que las acompaña. Aquí está la túnica de Adán. Lo perdió todo, fue expulsado del Paraíso, obligado a trabajar — trabajo manual, nada menos — y no tenía nada más que esta túnica. Y mira: logró mantenerse tan feliz y satisfecho con su vida sencilla que dibujó figuras de pájaros en vuelo, símbolos de felicidad despreocupada, de alegría sin preocupaciones y de una sensación de bienestar libre y sin ansiedad.
Recuerda, hijo, cuando termine tu jornada laboral, déjala atrás. No te preocupes por perderla. Simplemente relájate, confía en Dios, quien te la dio, para que la guarde, y no te enfermes buscando diversión. Simplemente decide siempre ser feliz con lo que tienes. Deja que tu mente sea tan libre como un pájaro, aunque al final todo lo que tengas sea solo una túnica.
«Cuando un rey está en una celebración», dijo el Rebe de Mezerits: «él es accesible a muchas personas a las que de otro modo se les negaría la entrada al palacio. Del mismo modo, cuando servimos a Dios con alegría, Él es más accesible.»^
Esto es, Algo para Pensar (drigs,CEJSPR)
Notas
*«The Age of Overkill: A Preface to World Politics», publicado en 1962. En él, Lerner explora los temas de la ansiedad colectiva y el estrés en el contexto de la era nuclear, lo que encaja con la metáfora de la úlcera como símbolo de las tensiones modernas.
** Expresión en yidish que traducida al español significa «enfermedad imaginaria o hipocondría.»
^ Mezeritscher Rebbe (Rabino Dov Ber de Mezritch), como consta en su colección principal Maggid Devarav LeYaakov (Él declara sus palabras a Jacob), una compilación de sus sermones y parábolas publicada en 1780.
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