
Algo para Pensar — Jaiei Sara (martes, 11 noviembre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
“Y aconteció que antes que él acabase de hablar, he aquí Rebeca, que había nacido a Betuel, hijo de Milca mujer de Nacor hermano de Abraham, la cual salía con su cántaro sobre su hombro.” (Génesis 24:15)
La primera de las tres oraciones descritas por la Torá como respondidas instantáneamente, es la petición de Eliezer solicitando la ayuda de Dios para encontrar la novia correcta para Isaac. “Antes de que terminara de hablar,” relata la Torá, “he aquí que salió Rebeca” y cumplió con todas las señales que Eliezer había pedido en su oración.
El matrimonio de Isaac y Rebeca es el primer matrimonio cuya historia es relatada por la Torá, convirtiéndose en el arquetipo para todos los matrimonios. Así, la oración de Eliezer toca la esencia misma de la «unión» — la unión de espíritu y materia encarnada por el matrimonio, y a escala cósmica, la unión de la trascendencia y la inmanencia divina; del Creador con Su creación.
Echemos un vistazo a los otros dos casos.
En Números 16, leemos sobre el desafío de Korach a la autenticidad de la profecía de Moisés. Moisés pidió una señal de que “Dios me ha enviado a hacer todas estas obras; [no son] de mi propio corazón.” La Torá luego relata: “Cuando [Moisés] concluyó diciendo todas estas cosas, la tierra se abrió, ”tragándose» a Korach y a sus compañeros.
El rechazo de Korach a Moisés, “maestro de todos los profetas”, fue un rechazo al mismo concepto de profecía — el principio de que Dios se comunica con la humanidad. La profecía es el “matrimonio” cósmico, tal como se expresa en la capacidad del alma humana para comunicarse con Dios.
Lo que fue el llamado de Moisés a la comunión entre Dios y el hombre, fue la oración de Salomón a la relación entre Dios y el universo físico.
El rey Salomón construyó el Templo Sagrado en Jerusalén para servir como la “morada” de Dios en la tierra — un área y estructura física saturada con la presencia de Dios manifestando Su verdad.
El día que el Templo estuvo completado, Salomón se dirigió a Dios: “Te he construido un hogar, una base para Tu morada eterna… Levántate, Dios, en Tu lugar de descanso…” Luego leemos cómo “cuando Salomón terminó de orar, el fuego descendió del cielo… y la gloria de Dios llenó la casa.” Así, el «matrimonio» fue consumado en el ámbito del espacio físico.
De esta manera, las oraciones de Moisés y Salomón fueron, en verdad, variaciones de la oración de Eliezer, en virtud de sus relaciones con el matrimonio cósmico tal como se expresa en dos áreas particulares: la psique humana y el universo físico.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)


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