Algo para Pensar — Parasha Bejar Bejukotai (domingo, 3 mayo 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos)
¡Shavua Tov Lekulam!
Esta semana estudiamos Parashat Behar-Bejukotai. Estas son la 32.ª y 33.ª porción semanal de la Torá en el ciclo anual judío de lectura de la Torá.
Porción de la Torá: Levítico 25:1-27:34
Behar (“En el Monte”) detalla las leyes del año sabático (Shemitá), cuando se prohíbe trabajar la tierra y se perdonan las deudas. También establece las leyes de la servidumbre por contrato y del año jubilar (Yovel), cuando la propiedad vuelve a su dueño original. Bejukotai (“En Mis Leyes”) es la última porción de la Torá en el Libro de Levítico. Comienza describiendo las bendiciones que siguen a la obediencia a las leyes de Dios y las maldiciones que conlleva su profanación. Termina con las leyes de los votos y la consagración de personas y propiedades.
“El Eterno habló a Moisés en el monte Sinaí y le dijo: ‘Comunica a los hijos de Israel que, cuando entren en la tierra que Yo les entrego, la tierra deberá guardar un descanso en honor al Eterno” (Levítico 25:1‑2, énfasis añadido).
A simple vista, este versículo podría dar la impresión de que el “Shabat para Dios” debía cumplirse inmediatamente al ingresar a la tierra de Israel. Sin embargo, en la práctica, una vez que el pueblo conquistó y se estableció en la tierra, trabajaron primero durante seis años y solo después observaron el séptimo como año de shemitá: un tiempo en el que se detienen las labores agrícolas para dedicarse a la vida espiritual.
El propio texto continúa:
“Durante seis años sembrarás tu campo, y seis años podarás tu viña y recogerás su fruto. Pero el séptimo año será un descanso absoluto para la tierra, un reposo para el Eterno; no sembrarás tu campo ni podarás tu viña” (Levítico 25:3‑4).
Es decir, seis años de trabajo son seguidos por un año sabático.
La Torá enseña que la shemitá no solo viene después de los seis años de labor, sino que también los antecede en un plano conceptual: define el propósito que orienta todo el ciclo. Esta estructura aparece también en otro patrón de siete que organiza nuestra existencia: los seis días de trabajo que culminan en el día de Shabat.
El Zohar explica que el Shabat cumple una doble función. Por un lado, es la fuente de bendición para los días que le siguen: el origen de la claridad, la energía y la vitalidad espiritual de la semana entrante.
Al mismo tiempo, es la culminación de la semana que termina: el momento en que se elevan y se revelan los frutos del esfuerzo realizado, cuando su sentido más profundo se manifiesta.
Esto plantea una cuestión: ¿qué ocurrió en la primera semana de la existencia?
Dios comenzó la creación — incluido el tiempo mismo — en el “primer día” (lo que hoy llamamos domingo) y completó seis días de obra antes del primer Shabat. ¿Significa esto que la semana primordial, modelo de todas las semanas posteriores, careció de un Shabat previo?
Los místicos enseñan que no. Antes de la creación existió un Shabat primordial, no dentro del tiempo, sino en la conciencia divina: una visión de un mundo ya pleno y perfeccionado.
De aquí surge una enseñanza fundamental para la vida cotidiana.
En el plano práctico, comenzamos por lo material, porque en un universo regido por causa y efecto, los medios deben preceder a los fines. Pero en el pensamiento, el fin debe venir primero. Sin una imagen clara del propósito que guía nuestras acciones, los medios pueden desviarse, perder dirección o incluso convertirse en un fin en sí mismos.
La plenitud espiritual que ofrecen el Shabat o la shemitá solo se alcanza después de una semana — o un ciclo — de trabajo dedicado a transformar y elevar el mundo material.
Sin embargo, ese trabajo debe estar sostenido desde el inicio por un “Shabat para Dios”: O sea, una conciencia orientada hacia lo sagrado que inspire, dirija y penetre cada una de nuestras acciones.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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