Algo para Pensar — Parashá Vaetjanán (viernes, 8 agosto 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos

¡Shabbat Shalom Lekulam!

“Pero El Eterno se había enojado contra mí a causa de vosotros, por lo cual no me escuchó; y me dijo El Eterno: Basta, no me hables más de este asunto.” (Deuteronomio 3:26)

Continuación de la reflexión anterior…

¿En qué momento El Eterno decidió dispersar a su pueblo entre las naciones?De entre las diferentes opciones la que tiene mayor probabilidad es durante la debacle de la adoración del becerro de oro. 
La Guemará enseña: “Si las tablas no se hubieran roto, ninguna nación ni lengua los habría dominado.” (Eiruvin 54a)


La razón por la que las Tablas fueron destruidas fue la adoración al becerro de oro. Una vez que las Tablas fueron destruidas, la capacidad espiritual de la nación se vio afectada. Las cosas habían cambiado, el pueblo se había distanciado de Dios. 


Entendiendo lo que ha sucedido, ahora podemos comprender cuál es el plan de acción de Moshé. Después que sus oraciones demuestran que no cancelarán el decreto, opta por enfatizar la revelación:


“Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, no se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos. El dia que estuviste delante de El Eterno tu Dios en Horeb, cuando El Eterno me dijo: Reúneme el pueblo, para que yo les haga oír mis palabras, las cuales aprenderán, para temerme todos los días que vivieren sobre la tierra, y las enseñarán a sus hijos; y os acercasteis y os pusisteis al pie del monte; y el monte ardía en fuego hasta en medio de los cielos con tinieblas, nube y oscuridad; y habló El Eterno con vosotros de en medio del fuego; oísteis la voz de sus palabras, mas a excepción de oir la voz, ninguna figura visteis. Y él os anunció su pacto, el cual os mandó poner por obra; los diez mandamientos, y los escribió en dos tablas de piedra.” (Deuteronomio 4:9-13).


Moshé intenta intelectual, emocional y espiritualmente recrear la Revelación acontecida en el Sinaí. Les recuerda cómo fue ver los cielos abrirse y escuchar la palabra de Dios.


“Cara a cara habló El Eterno con vosotros en el monte de en medio del fuego.” (Deuteronomio 5:4)


Ahora repite los Diez Mandamientos. Ahora podemos entender porqué en esta parashá se enseña o se repiten los Diez Mandamientos. Moshé desea retroceder el reloj y llevar a la nación a las estratificaciones espirituales que disfrutaron mientras estaban en el Sinaí — antes del pecado del becerro de oro.


A un nivel más profundo, notamos que la deficiencia que permitió el becerro de oro fue la negativa del pueblo a escuchar los Diez Mandamientos directamente de Dios. Al introducir los Diez Mandamientos, Moshe dice:


“Yo estaba entonces entre El Eterno y vosotros, para declararos la palabra de El Eterno; porque vosotros tuvisteis temor del fuego, y no subisteis al monte. Dijo: Yo soy El Eterno tu Dios, que te saqué de tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mi.” (Deuteronomio 5:5-7)


El Zohar explica la implicación de este miedo:

“Israel estaba aterrorizado y retrocedió, y por eso dijeron: ‘Por favor, tú háblanos; no deseamos que nos hable el Poderoso desde lo alto.’” … Moshe les dijo: “Ustedes han debilitado mi poder, y también otro poder.” Porque si Israel no hubiera retrocedido y hubiera escuchado las palabras restantes como las primeras, el mundo nunca habría sido devastado después, y habrían perdurado por generaciones y generaciones. (Zohar, Devarim 261a-b)


¿Será posible que por el pueblo no haber recibido la Torá directamente de Dios, el resultado haya sido la adoración al becerro de oro? Si fue así, entonces se hace comprensible el porqué se enseña el Shema en la parashá de esta semana. ¿Qué mejor manera de conectarse con Dios que a través del Shema, el vehículo definitivo para atraer la proximidad de la Shejiná?


Si uno sueña que está recitando el Shemá, es digno de que la presencia divina repose sobre él, solo que su generación no es lo suficientemente merecedora. (Berajot 57a)


Para que Moshé pudiera entrar en Tierra Promerida no necesitaba arreglar nada en su relación con Dios. No era necesario que orara.  Para que Moshe entrara, y más importante, para que el pueblo pudiera entrar y permanecer en la tierra necesitaban cambiar, acercarse más a la Shejiná. Por lo tanto, Dios le dice a Moshé que cese sus oraciones, y en su lugar, hace lo que mejor sabe hacer: enseñar.


Moshé da un “shiur” fenomenal, con la esperanza de que esto lleve a sus estudiantes, sus seguidores de vuelta a Dios. Moshé intentó reparar lo que había sido roto.


Al final, los esfuerzos de Moshé no fueron suficientes, pero el “shiur” que nos dejó permanece. El pueblo judío simplemente tiene que leer la parashá de esta semana para saber cómo reunirnos con Dios y convertirnos en uno con la Shejiná, al igual que Moshé, nuestro Maestro.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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