Algo para Pensar — Parasha Balak (lunes, 7 julio 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos 


¡Shavua Tov Lekulam!


¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob, Tus moradas, oh Israel! (Números 24:5) 


El verso inicial en el orden diario de la oración pública es «Ma tovu ohalekha Ya’akov, mishkenotekha Yisrael». Lo que nos debe indicar que este es un verso muy importante para estar ubicado de forma tan estratégica y significativa, ya que es lo primero que decimos al entrar a la sinagoga. 


De hecho, es precisamente eso. Pues, como acorde inicial de la obertura de los Servicios Matutinos, «ma tovu» marca la pauta para todo el día de oración, la sinfonía de la mente, el corazón y el alma del judío que se eleva en armonía con las de todo Israel hacia nuestro Padre Celestial.


¿Qué significa exactamente este versículo?


Nuestros Sabios (Pesikta Números 129) interpretaron «tienda» y «morada» como referencias a sinagogas y escuelas religiosas. «Cuán buenas son vuestras sinagogas y vuestras salas de estudio» es el significado de esta bendición. ¡Que aumenten su influencia y crezcan en belleza y esplendor!


Y esta bendición, que se encuentra en la parashá de esta semana, proviene de una fuente sorprendente. Fue pronunciada por primera vez, según nos dice la Biblia, no por un israelita, sino por un no judío, y sobre todo un enemigo de Israel. 


Fue Balaam «harasha», el malvado, quien, al ver a las tribus de Israel desplegadas en el desierto alrededor del Tabernáculo, exclamó «¡Ma tovu!».


Y hay algo aún más sorprendente en todo el episodio, algo que hace aún más incomprensible la elección de este versículo para nuestra oración inicial. 


La tradición relata constantemente, en todos sus comentarios sobre este episodio, que Balaam tenía la firme intención de maldecir a Israel. Había sido contratado para ello por el rey moabita Balac. 


Al ver a Israel, orgulloso y devoto, alrededor del Tabernáculo, Balaam se levantó y quiso maldecir a Israel, diciendo: «Que no tengan sinagogas ni escuelas; que disminuyan su influencia y alcance.» Pero en lugar de una maldición, por mandato divino, brotó de su boca la bendición de «ma tovu.»

Pero si es así, resulta difícil comprender esta elección de «ma tovu». ¿Acaso no fue una maldición? ¿Acaso no la pronunció un enemigo de nuestro pueblo, el antiguo precursor del antisemita intelectual moderno? 


Uno de los eruditos halájicos más destacados de todas las generaciones, el Maharshal (Rabino Solomon Luria, siglo XVI), escribió en su Responsa (#64): 


«Empiezo con el segundo versículo y me salto «ma tovu», que fue recitado primero por Balaam, y él pretendía que fuera una maldición.» ¡Esta es la firme opinión de un gran experto en Halajá!


Sin embargo, nuestro pueblo en general no aceptó el veredicto del Maharshal. Hemos aceptado el «ma tovu», le hemos dado un lugar de honor, y como bien sabemos, se ha convertido en el «predilecto» de cantores y compositores litúrgicos. 


Y si todo Israel lo ha aceptado y le ha concedido tales honores, entonces debe haber algo muy especial en él que, de alguna manera, refleja un aspecto de la personalidad básica del judío y una parte profunda y original de nuestro carácter religioso.

Ese aspecto único de nuestro carácter colectivo, ese rasgo singularmente judío que se manifiesta en la elección de «ma tovu» en las circunstancias que mencionamos, es la capacidad misma de extraer una bendición de una maldición. Decimos «ma tovu» no porque tuviera la intención de perjudicarnos, sino precisamente por eso. 


Es de judío encontrar la bendición en la maldición, el bien en el mal, la oportunidad en la catástrofe. Es de judío sacar lo mejor de lo peor, extraer santidad de la profanidad.

De las malas y diabólicas intenciones de Balaam: «Que no tengas sinagoga ni escuelas», moldeamos la bendición de «ma tovu», que recitamos justo al entrar en esos mismos salones de culto y estudio.


¡Brillamos con mayor intensidad cuando nos arropa la oscuridad!


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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