Algo para Pensar — Parasha Nasó (viernes, 6 junio 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos


¡Shalom, Shalom Lekulam!


“Y la mujer dio a luz un hijo, y le puso por nombre Sansón. Y el niño creció, y El Eterno lo bendijo.” (Jueces 13:24)


Ayer vimos cuán importante es mantener unidos los conceptos de hesed y gevurá. Pudimos apreciar cómo el amor — descontrolado — tiene el potencial de producir lo opuesto a lo deseado. Por lo expuesto, es que en la enseñanza judía «gevura» es considerada un prerequisito.**


Lo que distingue a la religión judía no son sus festividades, tampoco la sinagoga, todos los demás grupos religiosos también tienen fiestas y lugares donde reunirse. El elemento distintivo, en nuestro caso es la «Halakha» que cubre cada aspecto de la existencia de una persona.

Una vida guiada por la ley judía — mitzvot — es una expresión de la valentía moral que hemos llamado «gevura». Esto significa que los judíos debemos aprender a controlar los apetitos en cada etapa de nuestras vidas. 


El deseo de comer indiscriminadamente debe ser frenado por la fuerza interior que proviene de observar las reglas de la «kashrut». El deseo de explotar la naturaleza, mediante la industria, la agricultura o los negocios, debe ser frenado por la disciplina interior que nos lleva a descansar en Shabbat según lo decreta la ley. La lujuria y su pasión, que la Torá ha designado como «hesed» y Freud la ha llamado el líbido, deben ser refrenados por la «gevura» presente en el código de la moral sexual manifiesto en la Torá. 


La vida disciplinada del judío es su mayor fortaleza. «Ein giborim ela giborei Torá», «No hay nadie tan heroico como los héroes de la Torá» (cf. Avot De Rabbi Natan 1:23). La fuerza física es transitoria; el poder militar es efímero; la influencia política es pasajera. Solo la fuerza moral de la Torá es perdurable y eterna.


Ahora podemos entender por qué uno de los personajes bíblicos más preciados es identificado o llamado, Sansón el «gibor», el hombre de fuerza, el héroe. Si Sansón sólo hubiera poseído «ko’ah», la fuerza física bruta, no habría sido mejor que cualquier filisteo. 


A él se le encomendó mantener su gran fuerza física en segundo plano, subordinada a su «gevura», su poder espiritual y su valentía moral. Su grandeza residía en que estaba consagrado a ejercer mayor poder sobre sí mismo que el que podía ejercer sobre los demás.

Desafortunadamente, Sansón no tuvo éxito de forma consistente. En un momento crucial de su vida, cuando fracasó, cuando renunció a su “gevura” moral y se convirtió en un débil espiritual—permitiéndose ser tentado por Dalila — su poder físico resultó, no sólo inútil, sino insignificante. 

La fuerza de Sansón no residía en sus músculos, sino en su moral, no en sus bíceps, sino en su espíritu. Cuando el espíritu y la moral fallaron, todo lo demás careció de valor.

Concluimos con las palabras del rey David (1 Crónicas 29:11) “Lekha Hashem hagedula vehagevura vehatiferet” — “A ti, oh Dios, es la grandeza y la fuerza y la belleza.”

La Kabbalá nos ha enseñado que cuando ambas tendencias, la de expansión, llamada “hesed” o “gedulá,” y la de contracción, llamada “gevurá,” se unen en las proporciones adecuadas, el resultado es “tiferet” — belleza, armonía, majestad. 

Del ejemplo de Dios, los seres humanos podemos aprender el gran secreto de combinar “hesed” y “gevurá” para producir “tiferet” — belleza de la vida, majestad de los ideales y nobleza del destino.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

Notas

** Algo requerido de antemano o necesario como preparación para algo más.

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