Buscando el lugar del templo

Por Rav Kook

Traducción y/o paráfrasis: drigs, CEJSPR

Sorprendentemente, la Torá nunca explica exactamente dónde se construirá el Templo. Más bien, se nos instruye a construir el Beit HaMikdash “en el lugar que Dios elija”:

“Solamente al lugar que el Eterno vuestro Dios escogiere de entre todas vuestras tribus para poner Su Nombre, allí buscaréis Su morada, y allí iréis.” (Deuteronomio 12:5)

¿Dónde está ese lugar “que Dios escogerá”? ¿Qué significa que debemos “buscar Su morada”?

La ubicación oculta

Los Sabios explicaron que la Torá nos ordena, bajo la guía de un profeta, descubrir dónde debe construirse el Beit HaMikdash. El rey David emprendió la búsqueda de este lugar sagrado con la ayuda del profeta Samuel.

¿Por qué la Torá no establece explícitamente el lugar donde construir el Templo? Moisés ciertamente sabía que la Akeidah tuvo lugar en el Monte Moriah en Jerusalén, y sabía que Abraham había profetizado que este sería el sitio del Beit HaMikdash. (1)

Maimónides (Guía de los perplejos III: 45) sugirió que Moisés eligió sabiamente no mencionar a Jerusalén explícitamente. Si lo hubiera hecho, las naciones no judías se habrían dado cuenta de la importancia suprema de Jerusalén para el pueblo judío y habrían luchado ferozmente para evitar que cayera en manos de Israel.

Peor aún, el conocimiento de la importancia de Jerusalén podría haber llevado a luchas internas entre las tribus. Cada tribu querría que el Beit HaMikdash se ubicara en su territorio. El resultado podría haber sido un conflicto feo, similar a la rebelión de Kóraj contra el nombramiento de Aarón para el cargo de Sumo Sacerdote. Maimónides razonó, que es por eso que la Torá ordena que se nombre un rey antes de construir el Beit HaMikdash. De esta manera, la ubicación del Templo estaría determinada por un gobierno central fuerte, evitando así el conflicto y la rivalidad entre tribus.

«Entre sus hombros»

En cualquier caso, David no sabía dónde se construiría el Beit HaMikdash. Según el Talmud (Zevachim 54b), su elección inicial recayó en Ein Eitam, un manantial ubicado al sur de Jerusalén. Ein Eitam parecía ser una opción obvia ya que es el punto más alto de toda la región. Esto corresponde a la descripción de la Torá que

“Te levantarás y subirás al lugar que el Eterno tu Dios escoja” (Dt. 17:8).

Sin embargo, David consideró posteriormente un segundo versículo que alude a la ubicación del Templo. Al final de su vida, Moisés describió el lugar de la Divina Presencia de Dios como “morando entre sus hombros” (Deut. 33:12). ¿Qué quiere decir esto?

Esta alegoría sugiere que la ubicación del Templo no debía estar en el punto más alto, sino un poco más abajo, así como los hombros están debajo de la cabeza. En consecuencia, David decidió que Jerusalén, ubicada a una altitud más baja que Ein Eitam, era el lugar donde debía construirse el Beit HaMikdash.

Doeg, jefe del Tribunal Superior, no estuvo de acuerdo con David. Apoyó la elección original de Ein Eitam como lugar para construir el Templo. Los Sabios notaron que los celos de Doeg por David se debían al éxito de este último al descubrir la verdadera ubicación del Templo.

La historia de la búsqueda de David del sitio del Beit HaMikdash se menciona en una de las «Canciones de ascenso» de David. El Salmo 132 comienza con una súplica: “Acordaos de David en todas sus angustias” (Sal. 132:1). ¿Qué fue esta labor ardua que David sintió que era un mérito especial, un logro significativo en la vida por el cual quería ser recordado?

El salmo continúa relatando los incansables esfuerzos de David para ubicar el lugar del Templo. David juró:

“No entraré en la tienda de mi casa, ni subiré a la cama que me fue tendida. No daré sueño a mis ojos, ni descanso a mis párpados, hasta que encuentre el lugar de Dios, las moradas del Fuerte de Jacob”. (Sal. 132:3-5)

David y Doeg

¿Cuál fue el quid de la disputa entre David y Doeg? Doeg razonó que el sitio más adecuado para el Templo es el punto más alto de Jerusalén, lo que refleja su creencia de que la grandeza espiritual del Templo solo debería ser accesible para unos pocos elegidos, aquellos que son capaces de captar verdaderamente los niveles más puros de iluminación: los kohanim y la élite espiritual.

David, en cambio, entendió que el Templo y su santidad deben ser herencia de todo el pueblo de Israel. Los kohanim no están al tanto de conocimientos especiales; son simplemente agentes que influyen y elevan a la gente con la santidad del Templo. Toda la nación de Israel se describe como un “reino de sacerdotes” (Ex. 19:6).

Las aguas de Ein Eitam

Aunque Ein Eitam nunca fue santificado, aún conservaba una conexión especial con el Beit HaMikdash, ya que sus manantiales suministraban agua para el Beit HaMikdash. El Talmud relata, que en Yom Kippur, el Sumo Sacerdote se sumergía en una mikvé en el techo de la cámara de Beit HaParvah en el complejo del Templo. Para que el agua llegara a este techo, que estaba 23 codos por encima de la planta baja del patio del Templo, se desviaba agua de los manantiales de Ein Eitam, que también se encontraban a esta altura.

Rav Kook explicó que existe una conexión especial entre Ein Eitam y la purificación del Sumo Sacerdote en Yom Kippur. Si bien el Beit HaMikdash mismo debe ser accesible para todos, la purificación del Sumo Sacerdote debe emanar de la fuente más alta posible. La pureza única y el poder de expiación de Yom Kippur se originan en los reinos más elevados, correspondientes a los manantiales elevados de Ein Eitam.

NOTAS

1 Después de Akeidah, dice: “Abraham llamó a ese lugar, ‘Dios verá’; como se dice hasta el día de hoy: ‘En el monte, Dios será visto’” (Gén. 22:14).

Rashi explica: “Dios elegirá y verá por Sí mismo este lugar, para hacer que Su Divina Presencia habite allí y para que se ofrezcan sacrificios aquí”.

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