
Algo para Pensar — Parashá Nitzavim-Vayelej (lunes, 31 agosto 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shavua Tov Lekulam!“
«…entonces El Eterno hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere esparcido El Eterno tu Dios” (Deut. 30:3).
La pregunta que ocupa nuestro tiempo es profunda y antigua: ¿qué es realmente el corazón humano? ¿Es la fuente de nuestra nobleza o el origen de nuestra degeneración? ¿Es el hogar del yetzer tov, la inclinación al bien, o del yetzer hará, la inclinación al mal?
En la Torá, el— el corazón — no es un órgano biológico, sino el símbolo de nuestras capacidades de pensar, sentir y elegir. Hablar del corazón es hablar de la naturaleza esencial del ser humano. Por eso, cuando preguntamos si la Torá identifica el corazón con el bien o con el mal, en realidad formulamos una pregunta antropológica y espiritual:
¿Cómo entiende la Torá la condición humana?
En el pensamiento occidental, esta cuestión ha sido representada por dos posturas opuestas. Para Rousseau, el ser humano es un “buen salvaje”: sus instintos son puros y constructivos, pero la sociedad lo corrompe.
En su visión, el corazón humano es esencialmente bueno, portador del yetzer tov.Freud, en cambio, veía la esencia humana en el id, un conjunto de impulsos primarios — avaricia, deseo, agresión — que solo la sociedad, mediante el super-ego, logra contener.
Para él, el corazón es la sede del yetzer hará.En nuestro tiempo, marcado por el odio y la violencia, ha ganado fuerza la idea de que somos criaturas esencialmente agresivas.
Los estudios del profesor Konrad Lorenz**, basados en su trabajo con animales y especialmente con primates, han sido particularmente influyentes. Lorenz sostenía que la humanidad posee una agresividad innata y que es inútil intentar reformar nuestra naturaleza fundamental.
Frente a estas posturas, ¿qué dice el judaísmo? La tradición enseña que el ser humano posee ambas inclinaciones: una buena y otra mala, una constructiva y otra destructiva. No somos ni bestias puras ni ángeles frustrados. Somos una tensión viviente entre dos impulsos.
Pero la pregunta decisiva permanece: ¿cuál de estas dos fuerzas describe mejor nuestra esencia? ¿Qué predomina en lo más profundo del corazón humano: la inclinación al bien o la inclinación al mal? De este asunto hablaremos mañana,
Esto es, Algo para Pensar (drigs,CEJSPR)
Notas
** Konrad Lorenz On Aggression. Publicada originalmente en alemán como Das sogenannte Böse en 1963; edición en inglés: Harcourt, Brace & World, 1966

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