Algo para Pensar — Parashá Shoftim(miércoles, 12 agosto  2026) Tiempo de lectura: 3 minutos

¡Shalom, Shalom Lekulam!

“Justicia, justicia perseguirás, para que vivas y heredes la tierra que el Señor tu Dios te da” (Deut. 16:20).

La doble exigencia de “Justicia, justicia perseguirás” (Deut 16:20) revela que la Torá no se conforma con un sistema legal funcional: demanda una búsqueda activa, y espiritualmente insistente de la verdad. 


No basta con aplicar normas; es necesario que la justicia produzca vida, que abra caminos hacia una sociedad donde la Presencia Divina sea evidente.


La urgencia de actuar por Dios


Los Sabios enseñan que hay momentos en los que la fidelidad a la Torá exige intervenir incluso cuando ello implica alterar su aplicación literal. “Es hora de actuar por Dios: han invalidado Tu Torá” (Berajot 63a). 


La tensión entre ambas cláusulas muestra que la Torá puede ser desfigurada tanto por su abandono como por su aplicación rígida y descontextualizada. La justicia divina no es mecánica: es dinámica y orientada al bien.


Juzgar con verdad: sociedad como co-creación

Quien juzga con verdad se convierte en socio del Creador (Shabat 10a). La justicia humana participa en la obra divina cuando se orienta hacia la verdad profunda, no solo hacia la letra fría. Un veredicto técnicamente correcto pero moralmente equivocado no es “juicio verdadero”. 


Más allá de la letra: cuando la ley destruye

El Shelah y la Guemará advierten que Jerusalén cayó porque sus jueces se limitaron a la ley bíblica sin ir más allá de su letra (Bava Metzia 30b). La estricta observancia, sin compasión ni contexto, puede convertirse en un acto de violencia espiritual. La ciudad santa se derrumbó no por falta de Torá, sino por una Torá aplicada sin misericordia..


Dos justicias: la terrenal y la celestial


Rambam
, siguiendo el Bahir, distingue entre la justicia humana y la justicia divina. La primera permite que la Shejiná repose entre nosotros; la segunda se activa cuando fallamos en construir un mundo justo. La justicia no es solo un mandato social: es un puente entre el cielo y la tierra.


La búsqueda individual de la verdad

Así como una nación puede perder el espíritu de la ley, también puede hacerlo el individuo. La Guemará enseña que quien selecciona siempre las opiniones indulgentes es malvado, y quien elige siempre las estrictas es un necio (Eruvín 6b). 


En ambos casos, la persona deja de relacionarse con Dios y comienza a relacionarse con la ley como un ídolo. La Torá no es un escudo para evitar el crecimiento ni un pedestal para exhibir rigor: es un camino hacia la verdad.


La distancia del engaño y la cercanía a la verdad

El Imrei Emet destaca que la Torá ordena alejarse de la falsedad (Shemot 23:7), y que buscar la verdad es una mitzvá. La justicia comienza en el corazón humano: quien la persigue sinceramente recibe ayuda del Cielo. La verdad es el sello de Dios; encontrarla es participar de Su obra.


Justicia como encuentro entre cielo y tierra

Cuando la justicia florece, la bondad y la verdad se abrazan, y la tierra responde con fruto (Tehilim 85:11–13). La justicia no es solo un sistema: es una atmósfera espiritual que permite que la vida prospere y que la presencia divina se revele.


¡Persigamos la justicia con pasión y humildad! No nos conformemos con la letra ni nos refugiemos en la comodidad. Busquemos la verdad que une cielo y tierra, y dejemos que nuestra vida sea un espacio donde Dios pueda habitar.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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