
Algo para Pensar — Parashá Shoftim(martes, 11 agosto 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!
“Justicia, justicia perseguirás, para que vivas y heredes la tierra que el Señor tu Dios te da” (Deut. 16:20).
El versículo que acabas de leer, “Justicia, justicia perseguirás, para que vivas y heredes la tierra que el Señor tu Dios te da” (Deut. 16:20) ha intrigado a generaciones de intérpretes.
La doble repetición de tzedek invita a pensar que la justicia no es un concepto unidimensional, sino una compleja tarea que exige más de un camino para alcanzarla.
Hay dos sistemas en continua tensión creativa
Una lectura clásica distingue entre dos tipos de justicia: la estricta aplicación de la ley y la justicia basada en el espíritu de la ley. Rabbeinu Nissim de Gerondi ofrece una visión distinta y más estructural: la existencia de dos sistemas paralelos dentro del orden social de Israel.
- El Bet Din, encargado de aplicar la letra de la ley con precisión.
- El rey, responsable de salvaguardar el espíritu de la ley, incluso cuando ello implique actuar fuera del marco legal ordinario.
Esta dualidad no era una contradicción, sino un equilibrio necesario. La ley escrita podía volverse insuficiente ante situaciones donde su aplicación literal amenazara su propósito moral. Allí intervenía el rey, no para anular la Torá, sino para protegerla de su propia rigidez.
El poder extraordinario y su límite
La Guemará (Sanedrín 46a) enseña que, en circunstancias excepcionales, incluso los tribunales podían imponer castigos no previstos por la Torá. Rabbeinu Nissim explica que esto ocurrió tras la desaparición de la monarquía. Sin rey, los jueces debían asumir también la responsabilidad de velar por el espíritu de la ley.
Pero este poder extraordinario requería un freno. Por eso la Torá ordena que el rey lleve siempre consigo un rollo de la Torá. La imagen es poderosa: quien tiene autoridad para actuar más allá de la ley debe vivir más cerca de ella que nadie. La Torá en su mano le recordaba que la excepción solo es legítima cuando nace del amor y reverencia por la ley.
Cuando la ley debe ser suspendida para salvar la ley…
Rabbeinu Nissim cita el versículo: “Es tiempo de actuar para Dios; han invalidado Tu Torá” (Tehilim 119:26). La tradición lo interpreta como una licencia extrema: hay momentos en que la fidelidad a la Torá exige apartarse temporalmente de su letra para preservar su esencia.
Así, la justicia no es solo un cálculo legal, sino una sensibilidad de carácter espiritual. La pregunta final de los jueces —“¿Se hizo justicia?”— revela que la ley, por sí sola, no garantiza justicia; necesita guardianes que sepan escuchar su espíritu.
Perseguir la justicia exige más que cumplir normas: exige un corazón vigilante. No basta aplicar la ley; debemos encarnar su espíritu. Que cada una de nuestras decisiones exalte la verdad protegiendo la dignidad y manteniendo viva la presencia de Dios en el mundo.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)


Deja un comentario