
Algo para Pensar — Parashá Va’etjanán (viernes, 24 julio 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shabbat Shalom Lekulam!
“Porque, ¿qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está El Eterno nuestro Dios en todo cuanto le pedimos?
Moshé les dice a los hijos de Israel en la Parashá Vaetjanán: «¿Qué gran nación tiene un dios tan cerca como Hashem, nuestro Dios, cuando lo invocamos?» (4:7).
En sentido estricto, este versículo se refiere a la constante accesibilidad de Dios, a quien podemos recurrir en oración en cualquier momento. Nunca debemos pensar que Dios no tiene interés en escuchar nuestras oraciones excepto en las Altas Fiestas, o solo en la sinagoga en Shabat.
La puerta de la “oficina” de Dios siempre está abierta. En cualquier momento, los 365 días del año, una persona puede orar. Porque, “He aquí, Él no duerme ni dormita, el Guardián de Israel.”
A diferencia de los líderes mortales, con quienes primero debemos concertar una cita — e incluso entonces, no se garantiza necesariamente una audiencia —, El Eterno está disponible para nosotros en todo momento, durante todo el año.
Pero este versículo también se presta a una interpretación adicional. Quizá establece que, así como no hay restricción sobre cuándo podemos recurrir a Dios, tampoco la hay sobre el tipo de peticiones que podemos presentarle.
Es obvio que podemos y debemos orar a Dios por una persona gravemente enferma, por alguien que perdió su trabajo y necesita urgentemente un medio de vida, o por alguien que busca una pareja. Estos son, por supuesto, asuntos muy serios por los que uno debe orar al Todopoderoso.
Pero, ¿se puede incomodar a Dios por asuntos de menor relevancia? ¿Es correcto que una persona ore mientras conduce hacia la ciudad para encontrar un lugar donde estacionarse, o para que su hijo piense con claridad durante el examen que tomará ese día?
Moshé nos dice que Dios está cerca de nosotros “siempre que lo invocamos.” Ya sea que le oremos por asuntos muy críticos o menos críticos, Él escucha. No existe tal cosa como “incomodar” al Todopoderoso. Por el contrario, uno debe acostumbrarse a hablar con Dios regularmente, a presentarle incluso las peticiones más sencillas.
Cuando una persona agrega las palabras “Be’ezrat Hashem” (con la ayuda de Dios) o “Im Yirseh Hashem” (si Dios quiere) al hablar de sus planes, expresa su conciencia del control absoluto de Dios sobre su vida.
Cuando una persona comenta: “Voy de compras esta tarde, si Dios quiere” o “Con la ayuda de Dios estaré en la ciudad más tarde hoy”, en realidad está diciendo que no puede llegar a la tienda o a la ciudad sin la ayuda de Dios.
Cualquiera de una amplia gama de factores puede impedir que una persona llegue a la tienda o a la ciudad; un judío creyente debe recordar que incluso estos asuntos aparentemente triviales están en las manos de Dios, y por lo tanto, incluso estas preocupaciones merecen una oración.
“¿Qué gran nación tiene un dios tan cerca como Hashem, nuestro Dios, cuando lo invocamos?” Sea cual sea el problema, grande o pequeño, tenemos acceso ilimitado a la compasión de Dios.
Un judío/a puede orar por cualquier cosa y tener la plena confianza que Dios le está escuchando.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)



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