Algo para Pensar — Parashá Va’etjanán (jueves, 23 julio  2026) Tiempo de lectura: 3 minutos


¡Shalom, Shalom Lekulam!

En el libro The Second Mountain: The Quest for a Moral Life, David Brooks se revela como uno de los pensadores morales más lúcidos de nuestra época. Su obra está llena de ideas brillantes, pero hay una en particular a la que deseo llamar tu atención porque ilumina de manera sorprendente el proyecto que Moisés desarrolla en Deuteronomio, el último libro de la Torá.


Durante los días recientes hemos reflexionado sobre pactos y compromisos. He señalado que, en el mundo occidental contemporáneo, muchas personas sienten resistencia a comprometerse de manera plena, a entregarse sin reservas a una causa, a una relación o a una misión. 


La lógica del mercado, tan dominante hoy, nos invita a probar, comparar, cambiar, mantener abiertas todas las opciones y evitar cualquier vínculo que limite nuestra libertad. En este clima, las promesas de lealtad se vuelven escasas.


Brooks observa que nuestra cultura suele entender la libertad como «libertad DE es decir, como ausencia de restricciones. No queremos sentirnos atados. 


Sin embargo, él propone que la libertad más valiosa es la «libertad PARA» la capacidad de realizar algo exigente, algo que requiere disciplina, práctica y entrega. Si deseas la libertad para tocar el piano, por ejemplo, debes “encadenarte” al instrumento y practicar todos los días.


Desde esta perspectiva, la libertad no consiste en eliminar restricciones, sino en elegir las restricciones correctas. Y eso conlleva compromiso: decidir renunciar a ciertas posibilidades para poder vivir plenamente otras. 


Otro ejemplo es el que surge en una ceremonia nupcial. Para usted poderle decir «sí» a su pareja tiene que estar listo a decir «no» a cualquiera que aparezca después. Brooks lo expresa con una frase memorable:


“Mi definición favorita de compromiso es enamorarse de algo y luego construir una estructura de comportamiento en torno a ello para cuando el amor flaquee.” (p. 55)

Esta idea ofrece una clave hermosa para comprender una de las características esenciales del libro de Deuteronomio, y en realidad, del judaísmo entero. Deuteronomio no es solo la colección de discursos finales de Moisés, su testamento ético para las generaciones futuras. Es también una meditación profunda sobre el compromiso como acto de amor.


En el corazón del libro resuenan las palabras del Shemá: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6:5). 


La Torá narra la historia fundacional de una relación compleja, a veces turbulenta, entre Dios y un pueblo testarudo. Es, en esencia, la historia de un amor exigente, lleno de desafíos, pero sostenido por un compromiso que perdura más allá de los altibajos emocionales.

El mensaje de Brooks y el eco que encuentra en Deuteronomio nos recuerdan algo esencial: el amor verdadero no se sostiene sólo con sentimientos, sino con estructuras de vida que lo protegen cuando las emociones se debilitan. 


La Torá nos invita a construir esas estructuras: hábitos, prácticas, palabras, gestos, decisiones que mantienen vivo el vínculo incluso en los días grises y lluviosos.


En un mundo que idolatra la libertad sin ataduras, la Torá nos propone una libertad más profunda: la libertad que nace de elegir aquello que vale la pena y entregarnos a ello con todo el corazón. 


La libertad que surge cuando dejamos de huir de los compromisos y empezamos a verlos como el fundamento de la arquitectura del amor.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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