Algo para Pensar — Parashá Vaetjanán  (lunes, 20 julio  2026) Tiempo de lectura: 3 minutos


¡Shavua Tov Lekulam!

“Y oré al Eterno en aquel tiempo, diciendo…” (Devarim 3:23).

Así comienza la porción de Va’etjanán, cuyo nombre significa precisamente “y supliqué”. El texto abre con Moshé implorando al Creador que le permita entrar en la tierra de Israel.

Moshé ruega: “Señor, Dios, Tú has comenzado a mostrar a Tu siervo Tu grandeza y Tu mano poderosa. ¿Qué fuerza existe en el cielo o en la tierra que pueda compararse con Tus obras y Tus prodigios? Te ruego que me permitas cruzar y contemplar la buena tierra al otro lado del Jordán, esas montañas hermosas y el Líbano”.

Sabemos que el deseo original de Moshé era conducir al pueblo no solo fuera de Egipto y a través del desierto, sino también hasta la tierra prometida. Sin embargo, ese anhelo nunca llegó a cumplirse.

La Torá relata que, tras la muerte de Miriam, el pozo que acompañaba al pueblo dejó de proveer agua. El Creador instruyó a Moshé a hablar a una roca para que, mediante un milagro, brotara agua. Pero Moshé, en lugar de hablarle, golpeó la roca dos veces. Aun así, el agua fluyó.

La Torá afirma que, por no haber realizado el milagro exactamente como se le indicó, Moshé no podría guiar al pueblo a tomar posesión de la tierra de Israel. Tradicionalmente esto se entiende como un castigo, pero los cabalistas ofrecen otra lectura.

Rav Áshlag enseña que el pueblo no estaba espiritualmente preparado para un milagro más elevado — que Moshé hablara a la roca — porque aún no habían alcanzado ese nivel de conciencia. Por eso Moshé tuvo que golpearla. 

Y desde esta perspectiva, el hecho de que él no entrara a la tierra no fue un castigo personal, sino un reflejo de que la nación todavía no estaba lista para ser conducida por él hacia este estado o nivel espiritual.

Entonces, ¿por qué Moshé dice en esta porción: “Y supliqué”?

La Torá utiliza la palabra va’etjanán, cuyo valor numérico es 515. Los cabalistas explican que esto indica que Moshé oró 515 veces pidiendo ver la tierra. ¿Por qué esto era tan importante para él? ¿Y por qué no se le concedió entrar?

Los sabios explican que muchas veces pedimos cosas sin tener claridad sobre lo que realmente necesitamos. Nuestra visión es limitada. Pero también enseñan que toda plegaria que nace del alma recibe respuesta. Si una petición no se manifiesta, es porque nuestra alma no se unió verdaderamente a ella.

Cuando Moshé ruega «Ve’er’er et ha eretz hatova»  —“Déjame ver la buena tierra”, el Creador lo lleva a la cima de una montaña y le muestra toda la tierra. Esa visión era lo que su alma buscaba; por eso su plegaria fue respondida.

En un nivel más profundo, Moshé no pedía simplemente entrar físicamente. Su anhelo era conectarse con el estado espiritual que la tierra representa: la perfección, la plenitud, la Luz de Israel. Sabía que, para que las generaciones futuras pudieran despertar esa Luz, él debía vincularse con ella.Por eso, cuando el texto dice que vio “el último mar” (hayam ha’ajarón), los cabalistas leen hayom ha’ajarón: el último día.»**

Es decir, Moshé contempló no solo la geografía, sino toda la historia futura: sus ascensos, descensos, desafíos y redenciones.

El Creador le mostró a Moshé Jerusalén, no solo como un lugar, sino como un destino espiritual que atraviesa toda la historia humana.

“Y oré a El Eterno en aquel tiempo, diciendo:”

¡Qué se despierte en nosotros la valentía para elevar plegarias auténticas, aquellas que nacen del alma y no solo del deseo inmediato! ¡Qué aprendamos, como Moshé, a pedir no solo lo que queremos, sino lo que nos conduce a cumplir con nuestra misión!  

Que el Eterno nos conceda la visión — aunque sea desde la montaña — de la tierra buena que estamos llamados a construir a través de nuestras acciones, nuestra fe y nuestra responsabilidad espiritual.

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

Notas

** La referencia bíblica donde aparece la expresión “el último mar” — hayam ha’ajarón (הַיָּם הָאַחֲרוֹן) es Devarim / Deuteronomio 34:2. Ahí se describe la visión que el Eterno le muestra a Moshé desde la cima del monte:
En hebreo:
וְאֵת כָּל־נַפְתָּלִי וְאֵת אֶרֶץ אֶפְרַיִם וּמְנַשֶּׁה וְאֵת כָּל־אֶרֶץ יְהוּדָה עַד הַיָּם הָאַחֲרוֹן
Los cabalistas leen hayam ha’ajarón (“el último mar”) como un juego de palabras con hayom ha’ajarón (“el último día”), interpretando que Moshé no solo vio el paisaje físico, sino la totalidad del destino histórico y espiritual de Israel.

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