
Algo para Pensar — Parashá Vaetjanán (martes, 21 julio 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!
“Y supliqué al Eterno en aquel tiempo, diciendo…” (Devarim 3:23).
¿Por qué era tan esencial para Moshé contemplar la Tierra Prometida? ¿Qué lo llevó a elevar plegarias 515 veces con la esperanza de vivir esta experiencia?
El texto nos revela una enseñanza profunda: el único ámbito donde el ser humano puede transformarse, corregirse y elevar su alma es aquí, en este mundo físico.
En los planos espirituales superiores NO existe el crecimiento; allí no se puede realizar el trabajo interior que perfecciona el alma. Esa labor solo es posible mientras vivimos aquí, en la realidad material.
Sin embargo, solemos engañarnos pensando que siempre habrá tiempo. “No importa si dejo pasar esta oportunidad; mañana tendré otra.” ¡No! No comprendemos que el tiempo no es infinito. Las posibilidades de reparar, crecer y elevarnos son limitadas, y cuando el alma abandona este mundo, esas puertas se cierran.
Se suele ilustrar esto con la imagen de una bóveda repleta de oro y diamantes que se abre en horario regular. Como la vemos abrirse día tras día, perdemos la sensación de urgencia. Creemos que habrá infinitas ocasiones para tomar tesoros, pero no es así. Moshé rogó continua y repetidamente al Creador porque había comprendido que cada oportunidad que se le concede es única e irrepetible.
Hace poco conversaba con mi hijo menor sobre los hijos que apenas pasan tiempo con sus padres. Aunque tengan razones válidas para no visitarlos con frecuencia, le recordé que quien honra y respeta a sus padres merece una vida larga.
Y eso es solo la recompensa física; la bendición espiritual que se recibe al compartir con ellos es inconmensurable. Le dije: “Tienes ante ti una bóveda abierta que te invita a tomar cuanto quieras, pero no permanecerá abierta para siempre.”
Este es el mensaje central de la porción de Va’etjanán: aprovecha las oportunidades que se te dan.
No son ilimitadas ni aparecen en cualquier lugar. Solo existen aquí, en este mundo. Ya sea en nuestra relación con padres, hijos o amigos, las ocasiones para trabajar en ellas son finitas, y al mismo tiempo, infinitamente valiosas.
Debemos aprender de Moshé a suplicar por ellas, a no darlas por sentado.“Y oré al Eterno en aquel tiempo, diciendo…” Qué estas palabras despierten en nosotros la conciencia de que cada día es una puerta abierta, un instante irrepetible para crecer, reparar y amar.
Qué no esperemos a que la bóveda se cierre para lamentar lo que no tomamos. Qué hoy mismo elevemos nuestra propia plegaria y pidamos la fuerza para aprovechar las oportunidades que el Creador coloca ante nosotros.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)



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