
Algo para Pensar — Parashá Pinjás (martes, 30 junio 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!
«Pinjás hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, ha hecho apartar mi furor de los hijos de Israel, llevado de celo entre ellos; por lo cual yo no he consumido en mi celo a los hijos de Israel. Por tanto diles: He aquí yo establezco mi pacto de paz con él;» (Números 25: 11-12).
¿Hace El Eterno un pacto de paz con un asesino?
Para comprender porqué el don de la paz de Dios fue otorgado a Pinjás el zelote, debemos recurrir al libro de Josué, para examinar un incidente de la historia posterior de los israelitas que destaca a Pinjás como un mediador pacificador en lugar de un zelote fanático, suceso que confirmaría nuestros comentarios anteriores.
Habían pasado muchos años (Josué 22) cuando la Biblia registra que bajo el liderazgo de Josué se había logrado la mayor conquista de la tierra, allanando el camino para que los rubenitas, los gaditas y la mitad de la tribu de Manasés regresaran a habitar Transjordania, la tierra de Galaad en el lado oriental del río Jordán, buena tierra de pastoreo para su ganado solicitada mucho tiempo atrás a Moisés antes de que comenzaran las batallas contra los cananeos (Números 32).
Las dos tribus y media llegaron a la tierra deseada, se repartieron las tierras y de inmediato erigieron un altar cerca del Jordán, «un gran altar, visible para todos» (Josué 22:10), una auténtica joya.
Las demás tribus de Israel se indignaron; interpretaron la construcción de un gran altar en Transjordania, lejos del Santuario central de Silo, como un acto de rebelión contra el Dios de Israel, «una declaración de independencia» del resto de las tribus. «Y cuando los hijos de Israel lo oyeron, toda la congregación de los hijos de Israel se reunió en Silo para alzarse en batalla [contra las dos tribus y media de Transjordania]» (Josué 22:12).
Pero antes de declarar una guerra civil, enviaron nada menos que a Pinjás, hijo del sacerdote Eleazar, junto con diez jefes de tribus, para intentar una solución pacífica del conflicto.
La delegación de Pinjás les recordó brillantemente la desastrosa plaga que había azotado a toda la nación cuando comenzaron a adorar al ídolo de Peor y a cohabitar con mujeres moabitas y madianitas, una clara referencia a la idolatría que había llevado al propio castigo de Pinjás, el cual provocó el cese de la plaga (Números 12:10-18).
Pinjás advirtió que si la construcción de su altar los separaba del altar central en Silo, esto tendría repercusiones poniendo en peligro a toda la nación de Israel; las diez tribus restantes podrían verse obligadas a tomar medidas contra ellos para evitar que una plaga desastrosa atacara a estos advenedizos idólatras rebeldes.
El motivo subyacente del argumento de Pinjás era la integridad de seguir siendo una nación — cada uno responsable de las acciones del otro — a pesar de la distancia que los separa.
En aras de la unidad, les dijo que si se sentían «mancillados o contaminados por su distancia del Santuario al otro lado del Jordán, entonces debían regresar a Israel continental», aunque eso significara ceder parte de su propia tierra en la necesaria redistribución del territorio que tendría que llevarse a cabo (Josué 22:19).
¿Logró Pinjás convencerlos? Mañana sabremos.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)


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