Algo para Pensar — Parashá Jucat-Balak(jueves, 25 junio  2026) Tiempo de lectura: 3 minutos 


¡Shalom, Shalom Lekulam!

Entonces dijo Dios a Balaam: No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo, porque bendito es” (Números 22:12).


La historia que presenta la parashá Balak es verdaderamente singular; no tiene paralelo en todo el Tanaj. En ella se narra cómo Balak, rey de Moab, recurrió al profeta no judío Bilam con la intención de que este maldijera al pueblo de Israel, esperando debilitarlo y derrotarlo.


Nuestros Sabios enseñan que Bilam poseía un conocimiento profético muy particular: sabía identificar el instante exacto del día en que la ira divina se manifestaba. Si hubiera logrado pronunciar una maldición en ese preciso momento, Israel habría sido destruido por completo. 


Con ese conocimiento, Bilam tenía en sus manos la posibilidad de provocar una catástrofe sin precedentes. Sin embargo, en su infinita compasión, Dios decidió no enojarse en absoluto durante ese período. Privado de su oportunidad, Bilam no tuvo más remedio que bendecir al pueblo en lugar de maldecirlo, y así Israel fue salvado.


Lo más sorprendente es que todo esto ocurrió sin que nadie en Israel lo supiera. Ni siquiera Moshé Rabenu tuvo conocimiento de lo que estaba sucediendo en aquellas colinas remotas de Moab. Solo después, Dios le reveló a Moshé cada detalle y le ordenó consignarlo en la Torá para que todas las generaciones recordaran este episodio único

. A diferencia de otros relatos bíblicos — incluso los del Jardín del Edén —, que fueron transmitidos por testigos o por tradición, este acontecimiento llegó a nosotros únicamente porque Dios mismo lo comunicó.Este episodio encierra una enseñanza profunda sobre la naturaleza de la protección divina. 


El día en que Bilam llegó para maldecir, los israelitas vivían su rutina habitual: despertaron, recogieron el maná, siguieron con sus tareas. Ignoraban por completo que su existencia pendía de un hilo, que su futuro estaba siendo decidido en ese mismo instante. Tampoco supieron que Dios intervino tres veces para salvarlos. Solo más tarde se enteraron de lo ocurrido.


De manera similar, nosotros vivimos sin percibir la magnitud de la protección que Dios nos brinda a cada momento. A veces leemos sobre atentados frustrados o peligros evitados, pero esos casos visibles representan apenas una mínima parte de lo que nunca llega a saberse. El aire está lleno de microorganismos capaces de enfermarnos, y aun así seguimos adelante sin pensar en la constante protección divina que nos rodea.


Así como Israel fue resguardado en el desierto sin saber que estaba en peligro, también nosotros recibimos cuidado celestial a cada hora, incluso minuto a minuto, sin darnos cuenta de los riesgos que podrían acecharnos.


Por eso esta parashá ocupa un lugar tan especial. El profeta Mijá (6:5) exhorta al pueblo a recordar siempre lo que Bilam intentó hacer. 


El Talmud (Berajot 12b) incluso relata que los Sabios consideraron incluir este episodio en el Shemá diario, pues contiene un versículo que describe a Israel durmiendo seguro como un león (24:9). Incluso cuando dormimos, inconscientes de todo, Dios vela por nosotros. Esa conciencia es tan fundamental que la parashá Balak casi se convirtió en parte de nuestras plegarias cotidianas.


El rey David declara que Dios “realiza grandes maravillas le’vado — por Sí mismo” (Tehilim 136:4). A simple vista, parecería que el versículo subraya que solo Dios tiene el poder de obrar milagros. Pero el Hatam Sofer explica que “por Sí mismo” significa que Dios realiza innumerables maravillas en secreto, sin que nadie las perciba. 


Los milagros que sí vemos — como el episodio de Bilam — son apenas señales visibles de una protección mucho más vasta, constante y silenciosa. Su propósito es despertar en nosotros gratitud y reconocimiento por el amor con que Dios cuida a Su pueblo.

Si Dios protegió a Israel incluso cuando ellos no sabían que estaban en peligro, ¿cuánto más debemos nosotros abrir los ojos del corazón para reconocer Su presencia en lo cotidiano? 


La parashá Balak nos invita a vivir con gratitud, a despertar cada mañana conscientes de que no caminamos solos. Que cada respiración, cada paso, cada instante es sostenido por una misericordia que opera incluso cuando dormimos.

La pregunta que queda para nosotros es simple y profunda:
¿Responderemos a esa protección invisible con indiferencia, o con una vida que refleje gratitud, confianza y compromiso?


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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