
Algo para Pensar — Parashá Koraj (miércoles, 17 junio 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos)
¡Shalom, Shalom Lekulam!
«…y que te hizo acercar a ti, y a todos tus hermanos los hijos de Leví contigo? ¿Procuráis también el sacerdocio?» (Números 16:10)
¿Qué hizo que la rebelión de Koraj resultara tan convincente para el resto del pueblo? ¿Cuál era la verdadera intención política detrás de las palabras de los insurrectos? El planteamiento de Koraj debía ofrecer algo más que un beneficio personal, pues nadie salió en defensa de Moisés.
Podemos considerar lo siguiente: para ese momento, el sueño de conquistar la tierra de Israel prácticamente se había desvanecido tras el episodio de los exploradores. La gran pregunta que quedaba era hacia dónde nos dirigimos ahora.
Había israelitas — representados por Datán y Abiram — que probablemente nunca habían deseado abandonar Egipto y que ahora anhelaban volver. Ellos se alinearon con los diez espías, diciendo: «Es mejor que regresemos a Egipto… Designemos un nuevo líder y regresemos a Egipto» (Números 14:5–6).
Pero este no era el argumento de Koraj. Su postura era completamente distinta: «Porque toda la congregación es santa y tiene a Dios en medio de ella. ¿Por qué deben ustedes elevarse por encima de la asamblea del Señor?» (Números 16:3). Moisés lo acusó de aspirar al sacerdocio (Números 16:10) y por ello, puso a prueba a Koraj y a sus seguidores mediante la utilización de los incensarios.
Sin embargo, parece que Koraj aspiraba a algo aún mayor:quería que todos los israelitas se convirtieran en kohanim. ¡Y esta es una tentación muy muy difícil de resistir!
Después de todo, «toda la congregación es santa y tiene a Dios en medio de ella.» tanto en el sentido literal — creados a imagen divina — como en el sentido espiritual — vinculados al Santuario y a la Shejiná. ¿Acaso no escuchó todo el pueblo la voz de Dios en el Sinaí? ¿No encargó Moisés a toda la nación ser un «reino de sacerdotes» (Éxodo 19:6)?
Desde esta lógica, Koraj sostenía que la mejor manera de que todos los israelitas ejercieran su función sacerdotal como representantes divinos era permanecer exactamente donde estaban: en el desierto.
Su rebelión no era contra Aarón, sino contra Moisés; contra la idea de que el pueblo debía involucrarse en la tierra, en el trabajo físico, en la guerra, en la política y en las responsabilidades propias de una nación estado.
La vida en el desierto ofrecía una oportunidad única: todos podían dedicarse al servicio divino y al estudio de la Torá sin distracciones. Nadie tenía tierras que cultivar; cada día recibían el maná directamente en su campamento, y vivían protegidos en sus tiendas, o mejor aún, bajo las nubes de gloria. Una nube los guiaba de día y una columna de fuego de noche. Era, en esencia, un kollel permanente, con todas las necesidades cubiertas. ¿Por qué cambiarlo?
¿Qué mejor director espiritual que el propio Todopoderoso, proveyendo todo lo necesario y decidiendo cada movimiento del campamento? ¿Por qué abandonar esa «torre arenosa, serena y sagrada» para enfrentar la guerra, la política y las desigualdades económicas que caracterizan a cualquier nación?
¿Por qué, entonces, Koraj fue reprendido y castigado?
Eso lo abordaremos mañana.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)



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