
Algo para Pensar — Parashá Shlaj (jueves, 11 junio 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos)
¡Shalom, Shalom Lekulam!
“Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos” (Números 13:30).
Algunos sostienen que el pecado de los exploradores es el más grave de toda la Biblia. Diez de los doce enviados regresaron con un informe desalentador y se opusieron a la conquista y asentamiento de la Tierra Prometida.
Pero surge una pregunta fundamental: ¿Por qué el pueblo escuchó a estos diez exploradores y no a Moisés, a Aarón o a Josué, quienes claramente apoyaban la entrada a la tierra? ¿Y qué ocurrió con los diez príncipes de las tribus? ¿En qué fallaron? ¿Dónde quedó el liderazgo auténtico?
Cuando el informe negativo fue presentado, Moisés cayó rostro en tierra ante toda la congregación. “Entonces Moisés y Aarón se postraron rostro en tierra ante toda la asamblea de la congregación de los hijos de Israel” (Números 14:5).
Este gesto sugiere que Moisés comprendió que parte de la responsabilidad recaía sobre él. Él había autorizado la misión, y todo líder sabe que no debe crear una comisión investigadora si no está dispuesto a darle peso a sus conclusiones.
Además, es probable que Moisés ni siquiera revisó el informe antes de que fuera presentado al pueblo, lo que pudo haber transmitido la impresión de que aceptaría cualquier recomendación de los exploradores.
Gersonides ya había explicado este peculiar comportamiento: Moisés, por su cercanía con Dios, se había distanciado de la mentalidad del pueblo. No podía imaginar que la nación eligiera algo contrario a la voluntad divina.
Le faltaba el impulso — quizá incluso la capacidad — de acercarse a una comunidad rebelde y persuadirla. Siendo un elevado tzadik, había perdido la empatía necesaria para hablar al corazón del transgresor; vivía en otra dimensión espiritual.
Aarón, por su parte, tampoco deseaba permanecer en el desierto ni regresar a Egipto. Se postró junto a Moisés, formando ambos un frente unido a favor de entrar en la tierra. Pero sus palabras no tuvieron impacto. Después de todo, en el cántico del mar, Moisés había proclamado: “Tus manos prepararán el santuario de Dios” (Éxodo 15:17).
La clase sacerdotal tenía un interés evidente: un Templo permanente solo podía existir en la Tierra de Israel. El pueblo podía sospechar que Aarón hablaba desde un interés propio.
Los diez príncipes de las tribus que rechazaron la conquista quizá actuaron movidos por motivos políticos. El Zóhar sugiere que, aunque fuera de manera inconsciente, temían que al entrar en la tierra se realizaran nuevas elecciones y que ellos no fueran reelegidos. Así que, permanecer en el desierto les garantizaba el poder.
El caso más llamativo es el de Josué, designado para suceder a Moisés. Él se opuso al informe negativo, pero no logró influir en la nación. ¿Por qué?
El Talmud explica que intentó hablar, pero fue silenciado cuando la multitud gritó: “¿Acaso una cabeza rota [rosh ketiya] hablará?” (Sotá 35a).
¿Qué significa este insulto, “cabeza rota”?
El Netziv, en HaAmek Davar, ofrece una interpretación reveladora: el pueblo sospechaba que Josué apoyaba la entrada a la tierra porque allí se convertiría en “la cabeza de toda la generación”, como se les había anunciado. Mientras permanecieran en el desierto bajo el liderazgo de Moisés, Josué seguiría siendo un líder menor, un roshkatan, una “cabeza rota”, y no un rosh gadol.
Todos estos comentarios convergen en un mensaje crucial para nuestro tiempo: ninguno de los líderes reconocidos pudo influir en la decisión del pueblo porque todos eran percibidos como portadores de intereses personales o sectoriales. Solo quien está por encima de sus propios deseos y ambiciones puede guiar verdaderamente a las masas en momentos decisivos.
Por eso la Biblia establece una separación esencial entre el poder político y el sacerdocio: la religión debe mantenerse por encima de la política, de forma tal, que ni el sacerdote ni el profeta deben aspirar a cargos gubernamentales.
La guía moral auténtica sólo puede provenir de alguien completamente objetivo, libre de motivaciones personales.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)



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