La maldición de una paz equivocada, (En Moisés, Parashat Beha’alotcha y Parashat Naso por el rabino Nathan Lopes Cardozo)
«El Eterno te bendecirá y te guardará; el Eterno hará resplandecer su rostro sobre ti y te mostrará su gracia. El Eterno alzará su rostro hacia ti y te dará paz” (Números 6:23-26)
“Y Moisés oyó que el pueblo clamaba… (Y dijo): Yo solo no puedo con este pueblo” (Números 11:14)
¿Qué impulsó a Moisés a seguir adelante durante cuarenta largos años lidiando con un pueblo sumamente difícil, un pueblo que constantemente se quejaba, se rebelaba y estuvo a punto de matarlo?
No es de extrañar que Moisés casi se rindiera. Más de una vez, le pidió a Dios que le permitiera renunciar. Pero al final, ante la insistencia de Dios, continuó a pesar de todos los problemas.
Solo cuando los israelitas llegaron a la frontera de la Tierra de Israel, Dios lo obligó a renunciar, diciéndole que no se le permitiría entrar en la tierra a la que había guiado al pueblo durante todos esos años. ¿Por qué?
¿Y por qué los israelitas se quejaban constantemente, cuando, como vemos en la cita anterior, Dios les había prometido todas sus bendiciones, su rostro resplandeciendo sobre ellos, protegiéndolos y dándoles paz? (Números 6:22-27)
Los peligros de la paz
La respuesta es que una bendición puede convertirse en maldición cuando se malinterpreta.
Que Dios los bendiga, los proteja y les ilumine con su luz es quizá evidente.
Pero concederles paz no lo es. Después de todo, ¿qué es la paz?
¡La paz no significa la mera ausencia de conflicto! No es simple tranquilidad ni paz mental. Tampoco significa la ausencia de duda.
La paz significa un esfuerzo constante por alcanzar una mayor virtud. Es un tránsito de un grado menor a uno mayor de perfección, sin llegar jamás a alcanzarla. Es un viaje, no un destino. Es el viaje mismo lo que constituye la virtud.
Si el mundo existiera en un estado de total tranquilidad, la mayoría de la gente perdería la razón. No habría nada que resolver. Casi no habría nada por lo que luchar.
El Dios en constante devenir
Este enfoque ontológico se refleja en la forma en que Dios se reveló a Moisés:
“Eyeh asher eyeh” – Yo seré lo que he de ser. (Éxodo 3:14)
Según las enseñanzas jasídicas, esto significa: Seré tu constante fascinación. Te sorprenderé constantemente. Te abrumaré con un misterio continuo. Y jamás me comprenderás por completo.
El verdadero significado de la paz va más allá de la serenidad.
John F. Kennedy dijo una vez:
“La paz es un proceso diario, semanal, mensual, que implica un cambio gradual de opiniones, la lenta erosión de viejas barreras y la silenciosa construcción de nuevas estructuras”
(Discurso ante las Naciones Unidas, 20 de septiembre de 1963)
Esta podría ser la razón de las quejas de los israelitas. Creían que, una vez bendecidos con la paz, ya no tendrían que esforzarse por ella. Para ellos, se trataba de un statu quo perpetuo que no requería más esfuerzo de su parte.
Y precisamente eso los llevó a la apatía, lo que los puso extremadamente nerviosos.
El aburrimiento es un estado mental caracterizado por la falta de interés, la ausencia de estímulos y desafíos. Es una experiencia subjetiva que puede manifestarse de diversas maneras, como inquietud, apatía y desinterés.
¿Castigo o don divino?
Y esto quizá responda también a nuestra primera pregunta. Al final, que Dios no permitiera a Moisés entrar en la Tierra Prometida no fue un castigo, sino una gracia divina. Si Moisés se hubiera establecido en la Tierra, habría perdido su fervor, su fascinación, sus ambiciones. Su anhelo por llegar a ella lo definía. Si hubiera terminado su viaje allí, habría perdido su razón de ser y habría envejecido.
Pero Moisés nunca perdió su vigor: nunca envejeció realmente. “Y Moisés tenía ciento veinte años; su vista no se había debilitado ni su fuerza había disminuido” (Números 24:7).
O, como lo expresó tan elocuentemente Ralph Waldo Emerson: “En su interior no encuentro arrugas ni un corazón desgastado, sino juventud intacta” (Diario, 1864).
Traducción: drigs, CEJSPR


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