Algo para Pensar — Parasha Bamidbar (domingo, 10 mayo 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos)

¡Shavua Tov Lekulam!

Esta semana estudiamos Parashá Bamidbar. Esta es la 34.ª porción semanal de la Torá en el ciclo anual judío de lectura de la Torá.

Porción de la Torá: Números 1:1- 4:20


Bamidbar (“En el desierto”) es la primera porción de la Torá en el Libro de los Números. Describe el mandato divino de realizar un censo y detalla la formación del campamento de los israelitas en el desierto. También comienza a enumerar las responsabilidades de los levitas al transportar el Mishkán (Tabernáculo).

“Y habló Dios a Moisés en el desierto de Sinaí, en el tabernáculo de reunión, el primer día del mes segundo, en el segundo año de su salida de la tierra de Egipto” (Números 1:1)

El libro de Bamidbar — conocido en español como “En el desierto”— recibe su nombre del versículo que abre la sección: “Dios habló a Moisés en el desierto del Sinaí, en el tabernáculo de reunión, el primer día del segundo mes, en el segundo año después de la salida de Egipto” (Números 1:1). 


Este título refleja con precisión el contenido del cuarto libro del Pentateuco, que narra los cuarenta años de travesía del pueblo de Israel por el desierto.


Ese largo período de vida nómada no solo antecede, sino que también simboliza los casi dos mil años de dispersión y desplazamiento que marcaron la historia judía hasta la creación del Estado de Israel en 1948.

La palabra hebrea midbar (desierto) encierra múltiples significados y resonancias que han acompañado al pueblo judío a lo largo de su exilio. Su raíz, ד–ב–ר (D–B–R), está asociada con la idea de liderazgo o pastoreo. 


No es casual: el pastoreo es una de las ocupaciones humanas más antiguas, y el desierto es el escenario natural donde el pastor guía a su rebaño. Allí las ovejas pueden desplazarse libremente y alimentarse en los oasis sin invadir propiedades ni afectar comunidades establecidas.


La raíz D–B–R también alude al acto de hablar.

El pastor dirige a su rebaño mediante sonidos y palabras, del mismo modo que un líder debe inspirar y orientar a su pueblo a través del mensaje que comunica.

No es casual que las “Diez Palabras” — los Diez Mandamientos, Aseret HaDibrot — fueran reveladas precisamente en el desierto del Sinaí y continúen guiando a Israel y a gran parte del mundo hasta hoy.


Durante toda su estadía en el desierto, los israelitas estuvieron acompañados por el Mishkán, el Santuario portátil. El término Mishkán proviene de Shejiná, la Presencia Divina. 


Sin embargo, Dios no “residía” literalmente en el Santuario, pues ni siquiera los cielos pueden contener Su presencia, como afirmó el rey Salomón al inaugurar el Templo en Jerusalén (1 Reyes 8:27).


Lo que sí estaba en el Santuario era la palabra de Dios — dibur—: las “Diez Palabras” grabadas en las Tablas que estaban dentro del Arca, y la voz divina que se manifestaba continuamente “desde entre los querubines” sobre el Kappóret (Éxodo 25:22).


Es esta palabra divina la que convierte incluso un entorno inhóspito como lo es el midbar — símbolo del exilio, abrasador de día, helado de noche y carente de agua — en un espacio sagrado.

Las palabras reveladas en el Sinaí lograron santificar los muchos “desiertos” de la historia judía: desde Marruecos hasta Vilna, desde Nueva York hasta Puerto Rico.

La palabra de Dios tiene el poder de transformar cualquier «desierto» en un santuario. El mundo entero puede verse como un midbar que espera convertirse en dvir — un espacio sagrado — mediante el dibur divino transmitido por líderes capaces de comunicar esas palabras, dvarim, con inspiración y claridad.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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