Algo para Pensar — Parasha Emor (miércoles, 29 abril 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos)

¡Shavua Tov Lekulam!

“El Eterno dijo a Moisés: Habla a los sacerdotes, hijos de Aarón, y diles que no se contaminen por un muerto en sus pueblos” (Levítico 21:1).

Aarón, presentado como el kohen por excelencia, encarna la noción de unidad y plenitud que hemos venido explorando en los recientes días. Esta idea se refleja de manera especialmente hermosa en la bendición sacerdotal que se le ordena impartir a todo Israel:

«El Eterno te bendiga, y te guarde; El Eterno haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; El Eterno alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz.» (Números 6:24-26).

La parashá misma aborda explícitamente el concepto de temimut:


«Y contaréis desde el día que sigue al día de reposo, desde el día en que ofrecisteis la gavilla de la ofrenda mecida; siete semanas cumplidas
[תְּמִימֹ֥ת] serán.»

Aquí se ordena contar siete semanas completas entre Pésaj y Shavuot. A diferencia del conteo de los años de shemitá — responsabilidad exclusiva del Sanedrín — este conteo recae sobre todo el pueblo. Toda la nación debía alcanzar el estado de tamim. De hecho, todo Israel fue designado como un pueblo de sacerdotes:

«Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.» (Éxodo 19:6).

Cada individuo debe prepararse para recibir la Torá en Shavuot, y esa preparación consiste en volverse tamim, íntegro. Este es el sentido profundo de «na’asehvenishma — haremos y escucharemos.»

Con esta declaración, el pueblo israelita manifestó una confianza absoluta en Dios, una confianza ausente en Adán y Eva y en todos los escépticos posteriores. Tal como enseña el Talmud:

«Cuando los israelitas priorizaron el ‘haremos’ sobre el ‘escucharemos’, una Voz Celestial les dijo: ‘¿Quién reveló este secreto a mis hijos? Los ángeles ministradores lo usan, como está escrito: “Bendice a Dios, sus ángeles, ustedes, los poderosos que cumplen su palabra, para escuchar la voz de su palabra” (Tehilim 103:20). Primero cumplen y luego escuchan’.» (Shabbat 88a).

Para recibir la Torá en toda su profundidad, es indispensable el temimut, tanto en la relación con Dios como en la relación con los demás. La descripción de Yaakov como «ish tam» [un hombre completo] sentado en tiendas, aludiendo a las tiendas de estudio, muestra la unión entre la integridad interpersonal y la integridad espiritual. 

Como se explicó antes, el ser humano cae en el pecado cuando desconoce el bien que posee en su interior, cuando se desconecta de su esencia. Esa plenitud interior es condición previa para el estudio de la Torá. 

El Midrash lo expresa así:
«[El deber de] derech eretz precedió a la Torá por veintiséis generaciones. Esto está [implícito en] lo que está escrito: ‘Guardar el camino hacia el Árbol de la Vida’ (Bereshit 3:24). [Primero, el versículo menciona] ‘el camino’ [derech], que significa derech eretz, y después [menciona el] ‘Árbol de la Vida’, que significa la Torá.» (Vayikra Rabbah:3).

La enseñanza derech eretz kadman laTorah — el comportamiento adecuado antecede a la Torá — fue enfatizada por el Rebe de Kotzk, quien afirmaba que este principio constituye la introducción misma a la Torá, del mismo modo que todo libro posee una introducción. 

Cuando la Torá describe el período del conteo, utiliza el término temimot para aludir a esta dimensión de integridad en las relaciones humanas. Así, cuando los discípulos de Rabí Akiva — quizá los mayores sabios de su época — se trataron con falta de respeto durante el ómer, su destino fue la muerte. Una vez más, lo contrario de tam es meit.

La esencia de ser tam consiste en rechazar el yetzer hará, que esclaviza y fragmenta el alma, impidiendo la totalidad o integración. La verdadera libertad pertenece a quien se dedica a la Torá, pues en ella la persona se unifica espiritualmente, alcanzando tanto tam como nishlam,  logrando una armonía profunda con Dios y con los demás.

Este fue el mensaje central de Aharón, cuyo propósito era guiar a las personas hacia la pureza interior. Cuando esta enseñanza sea comprendida e integrada plenamente, la sheleimut — la plenitud — se manifestará tanto entre los seres humanos como entre el ser humano y Dios.

Y el fruto de esa plenitud será shalom, una paz auténtica y perdurable.

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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