
Algo para Pensar — Parasha Ajarei Mot-Kedoshim (miércoles, 22 abril 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos)
¡Shalom, Shalom Lekulam!
“…No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo, El Eterno.” (Levítico 19:16)
Uno de los pilares de las enseñanzas del rabino Israel Baal Shem Tov, fundador del jasidismo, es la idea de hashgajá peratit, la “providencia divina particular.”
Esta enseñanza afirma que Dios no solo dirige el curso general del mundo, sino que cada mínimo detalle de la realidad ocurre por Su voluntad.
El Baal Shem Tov explicaba que incluso algo tan simple como una hoja arrancada por el viento en un remoto bosque, que se desplaza de un lado a otro hasta caer en un punto preciso, sucede porque Dios así lo quiso y con un propósito determinado. También enseñó que todo lo que una persona ve o escucha debe servirle como una enseñanza en su relación con Dios.
Ambas ideas están profundamente unidas: si presencias un hecho o escuchas acerca de él, no es casualidad; tanto el suceso como tu conocimiento del mismo forman parte de la providencia divina.
El acontecimiento podría haber ocurrido sin que tú te enteraras. Por eso, el hecho de que tú lo sepas implica que tiene relevancia para ti. Debe motivarte a reflexionar o actuar; de lo contrario, tu conocimiento sería inútil.
Rashi comenta el versículo “No te quedes junto a la sangre de tu prójimo” añadiendo: “verlo morir, pudiendo salvarlo”. A vuelo de pájaro, la frase “pudiendo salvarlo” parece ser una afirmación más que una condición. Parecería más natural que dijera “si puedes salvarlo” o “cuando puedas salvarlo.”
Sin embargo, Rashi apunta a algo más profundo: el simple hecho de que seas testigo de la situación ya indica que tienes la capacidad de ayudar. No concluyas rápidamente que no puedes hacer nada por tu hermano. Si realmente no hubiera nada que aportar, ¿para qué Dios te habría permitido verlo?
Hoy somos dolorosamente conscientes de que muchos de nuestros hermanos y hermanas enfrentan un peligro espiritual enorme. Observamos cómo se hunden en la desconexión, cómo son absorbidos por una sociedad que ha perdido a Dios y sus valores fundamentales.
Ser conscientes de esto nos impone una obligación: “No te quedes junto a la sangre de tu prójimo” también se aplica a los riesgos espirituales. Y al mismo tiempo, encierra una promesa: si te enteraste de la situación de tu prójimo, es porque tienes la capacidad — y la responsabilidad — de hacer algo al respecto.
No voltees tu rostro hacia el otro lado como si nada tuviera que ver contigo.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)


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