
Algo para Pensar — Parashá Eikev (miércoles, 29 julio 2026) Tiempo de lectura: 4 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!
Para comprender plenamente el tema que hemos venido explorando en los pasados días, es necesario volver a la comparación entre los dos primeros capítulos del Shemá.
Allí encontramos una distinción fundamental, aunque sutil, que suele pasar desapercibida en las traducciones al español: el primer capítulo (Devarim 6:4-9) está escrito en singular, mientras que el segundo (Devarim 11:13-21) está redactado en plural.
Esta diferencia gramatical no es un detalle menor.
El primer capítulo se dirige al individuo, a su conciencia personal, a su responsabilidad íntima de amar a Dios, estudiar Su palabra y transmitirla. El segundo, en cambio, habla a la comunidad como un todo y presenta una dinámica de causa y efecto: si el pueblo se desvía, la lluvia cesará; si la rebeldía persiste, llegará el exilio. No se puede imaginar un escenario en el que llueva para uno y no para su vecino. Hay castigos — y también bendiciones — que son necesariamente comunitarios.
La tradición enseña que el exilio no es solo un desplazamiento geográfico. Es también el exilio de la Shejiná, la retirada de la presencia divina del seno del pueblo. Cuando la comunidad se comporta correctamente, la Shejiná habita entre ellos, manifestándose de manera más plena en el Templo. Cuando la comunidad se corrompe, experimenta el dolor de la separación.
La Tierra de Israel: Un Espacio de Relación
Con esta perspectiva, podemos entender mejor el versículo que introduce el segundo capítulo del Shemá:
«Una tierra que El Eterno, tu Dios, cuida; los ojos de El Eterno, tu Dios, están siempre sobre ella, desde el principio hasta el fin del año» (Devarim 11:12).
A simple vista, la descripción parece enigmática. ¿Qué significa que Dios “mira” la tierra todo el año? Los versículos previos ofrecen la clave al contrastar Israel con Egipto.
En Egipto, el agua provenía del Nilo; el ser humano podía regar sus campos sin necesidad de elevar su mirada al cielo. Israel, en cambio, es una tierra que depende de la lluvia, una tierra seca cuyo sustento obliga al hombre a volverse hacia Dios. Es un espacio que fuerza la relación, que invita a la conciencia de dependencia, que despierta la sensibilidad hacia la presencia divina.
Por eso esta descripción antecede al segundo capítulo del Shemá: la tierra misma es un recordatorio de que la vida espiritual del pueblo está ligada a su conducta colectiva. Si el pueblo vive con rectitud, la Shejiná se siente entre ellos. Si ignora a Dios, el resultado es el exilio — físico y espiritual —.
Israel es una tierra cuyo aire “hace sabios”, no por un misticismo geográfico, sino porque exige una relación constante con lo Divino. Dios juzga a cada individuo según sus actos, pero las grandes dinámicas de recompensa y castigo se manifiestan a nivel comunitario.
La Comunidad de Israel y la Responsabilidad Mutua
A partir de aquí se ilumina un principio central de la identidad judía: todos los judíos son responsables unos por otros (kol Israel arevim zeh bazeh). Las fuentes rabínicas lo expresan con fuerza:
• “Esto enseña que a los grandes se les exhorta respecto a los pequeños y se les castiga por su culpa si no los reprenden… ‘Tropezarán, cada uno por su hermano’ (Vaikrá 26:37), es decir, uno por la iniquidad del otro.” (Bamidbar Rabá 10:5)
• “Por todas las transgresiones de la Torá, solo él es castigado; pero aquí, él y el mundo entero… Esto enseña que todo Israel es responsable uno del otro.” (Shavuot 39a)
La conducta de un individuo afecta el nivel espiritual de su prójimo, y en última instancia, de toda la comunidad. El caso paradigmático es el pecado de Acán (Yehoshua 7:1-13), donde la falta de un solo hombre trajo derrota y sufrimiento a todo Israel.
Si la Torá nos enseña que la presencia divina se manifiesta o se retira según la conducta colectiva, entonces cada uno de nosotros sostiene una parte del peso espiritual del pueblo. No vivimos aislados. Cada acto de bondad fortalece la trama invisible que sostiene a la comunidad; cada acto de indiferencia la debilita..
La pregunta que surge es simple, pero exigente: ¿Qué tipo de comunidad estamos ayudando a construir con nuestras acciones diarias?
La Torá nos invita a vivir con la conciencia de que nuestras decisiones no solo nos afectan a nosotros, sino que modelan el clima espiritual que todos respiramos.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)



Deja un comentario