Algo para Pensar — Parasha Ki Tisa (miércoles, 4 marzo 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos

¡Shalom, Shalom Lekulam!

«Muy pronto se apartaron del camino que les ordené; se hicieron un becerro de metal fundido, lo veneraron, le ofrecieron sacrificios y proclamaron: ‘Israel, estos son tus dioses que te sacaron de Egipto” (Éxodo 32:8).


El episodio del becerro de oro muestra cómo una caída espiritual puede ocurrir no solo por rebeldía, sino por desesperación emocional. La Torá subraya que el pueblo “se desvió rápidamente del camino” (Éxodo 32:8), una frase que desconcierta: ¿cómo puede un pueblo que escuchó la voz de Dios caer tan abruptamente en idolatría? La tradición rabínica ofrece una respuesta profunda: la caída no fue teológica, sino emocional.

La rapidez de la caída: un misterio que exige explicación

La Guemará enseña que el yetzer hará actúa de forma gradual. No empuja a una persona observante a un abismo espiritual de un día para otro; la desvía lentamente, paso a paso. Sin embargo, en Ki Tisá ocurre lo contrario: un desvío repentino, casi instantáneo. El texto mismo enfatiza esa inusual velocidad. Esto indica que algo extraordinario ocurrió en el ánimo del pueblo.

La oscuridad emocional como arma espiritual

El rabino Jaim Shemuelevitz explica que la clave está en el estado emocional de los israelitas. Según los Sabios, Satanás oscureció el mundo y mostró al pueblo una visión falsa del féretro de Moisés. Esa imagen — Moisés muerto, la oscuridad envolviendo el campamento, la sensación de abandono — provocó una depresión colectiva.


En ese estado, la lógica se debilita, la esperanza se apaga y la persona pierde su capacidad de resistencia espiritual. Lo que normalmente requeriría años de desgaste interior ocurrió en un instante, porque la tristeza extrema abre la puerta a errores que jamás se cometerían en un estado emocional sano.

La vulnerabilidad espiritual del ánimo decaído

La enseñanza es clara: la tristeza no es un simple estado emocional; es una condición que afecta la vida espiritual. Cuando alguien está deprimido, asustado o confundido:
• pierde motivación,
• deja de luchar por sus ideales,
• se vuelve susceptible a decisiones impulsivas,
• y puede caer en acciones que contradicen sus valores más profundos.
Por eso, la tradición insiste en que un judío debe proteger su alegría con la misma seriedad con la que protege su observancia.

La alegría como mitzvá y como responsabilidad

Combatir la tristeza no es un lujo, sino una obligación espiritual. Los Sabios recomiendan acciones simples pero efectivas:
• caminar al aire libre,
• escuchar música que eleve,
• darse un pequeño gusto,
• buscar compañía,
• o cualquier gesto que devuelva luz al corazón.


Y no solo hacia uno mismo. La Guemará relata que el profeta Eliyahu identificó a dos hombres en el mercado como merecedores del mundo venidero. ¿Qué hacían? Se acercaban a personas tristes para contarles chistes y levantarles el ánimo. Su mitzvá era devolver esperanza.


La tradición considera este acto como uno de los más grandes: rescatar a alguien de la tristeza, porque la tristeza puede destruir la vida espiritual tanto como el pecado mismo.

Una invitación a actuar hoy

El relato del becerro de oro no es solo historia; es un espejo. Enseña que la desesperación puede llevar a decisiones que parecen impensables. Y enseña también que un pequeño gesto de luz puede salvar a alguien de caer.


Cada persona tiene la capacidad de iluminar el día de otro:
• una palabra amable,
• un mensaje inesperado,
• una visita breve,
• un chiste oportuno,
• un acto de presencia
Son acciones pequeñas que pueden evitar que alguien se hunda en la oscuridad.

La pregunta que queda abierta es sencilla y profunda: ¿a quién podrías traerle un poco de luz hoy?


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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