Algo para Pensar — Parasha Beshalaj (viernes, 30 enero 2026) Tiempo de lectura: 3 minutow

«El Eterno le dijo a Moisés: “Escribe esto en un libro como recordatorio, y comunícale a Josué que borraré por completo la memoria de Amalec de debajo del cielo”. Moisés levantó entonces un altar y lo llamó “El Eterno es mi estandarte”, afirmando: “Porque Amalec alzó su mano contra el trono del Eterno, Él mantendrá guerra contra Amalec de generación en generación” (Éxodo 17:14-16).

Existe, sin embargo, otro mandato muy distinto: el de recordar y no olvidar a Amalec. 

Este precepto se cumple cada año leyendo el pasaje de Deuteronomio sobre los amalecitas durante Shabat Zakhor, la víspera de Purim. La relación con Purim proviene de la tradición que identifica a Amán el agagueo como descendiente de Agag, rey de Amalec. En este contexto, Amalec ya no es una nación concreta, sino un símbolo.

Al establecer esta distinción, el judaísmo separa claramente entre un enemigo histórico que desapareció y el mal que representaba, un mal que puede reaparecer en cualquier época y lugar. En tiempos de tranquilidad, es fácil ignorar la oscuridad que puede anidar en el corazón humano.

Esto ha sido especialmente evidente en los últimos trescientos años. La Ilustración, la tolerancia, la emancipación, el liberalismo y los derechos humanos llevaron a muchos — incluidos numerosos judíos — a pensar que el mal colectivo había quedado atrás, tan extinguido como los propios amalecitas. Se asumió que el mal pertenecía al pasado. 

Sin embargo, ese mismo periodo dio origen al nacionalismo extremo, al fascismo, al comunismo totalitario, a dos guerras mundiales, a regímenes de una brutalidad sin precedentes y al crimen más atroz cometido por seres humanos contra otros seres humanos.

En la actualidad, la amenaza más visible es el terrorismo. En este sentido, las palabras del filósofo político Michael Walzer resultan especialmente pertinentes: donde aparece el terrorismo, dice, siempre hay tiranía y opresión. Los terroristas buscan dominar, y el asesinato es su herramienta. Crean sus propios mecanismos de represión, escuadrones de la muerte y desapariciones. 

Comienzan eliminando o intimidando a quienes dentro de su propio grupo se interponen en su camino, y luego aplican la misma violencia a la población que dicen representar. Si logran imponerse, gobiernan de manera despótica, y su pueblo termina pagando — sin haberlo elegido — el precio de su dominio.

El mal no desaparece, y al igual que la libertad, requiere vigilancia permanente. El mandato de recordar no se orienta al pasado, sino al presente y al futuro; no nace del deseo de venganza, sino de la aspiración contraria: construir un mundo libre de represalias y de violencia.

Lee Harris inicia Civilization and Its Enemies afirmando que “el tema de este libro es el olvido”, y concluye preguntando si Occidente será capaz de superar ese olvido, que es la ruina de toda civilización próspera. 

Por eso se nos ordena recordar y no olvidar a Amalec: no porque su pueblo siga existiendo, sino porque una sociedad acostumbrada a tratar con actores racionales puede caer en la ilusión de que todos lo son y que siempre es posible negociar la paz. ¡No es así!

Pocas veces un mensaje bíblico ha tenido tanta relevancia para el futuro de Occidente y de la libertad. Moisés sugiere que la paz es alcanzable incluso con un Egipto que nos esclavizó y trató de destruirnos. Pero la paz no puede lograrse con quienes atacan a los débiles y niegan a su propio pueblo la libertad que dicen defender.

La libertad depende de nuestra capacidad de recordar y, cuando sea necesario, de enfrentar a esa recurrente cohorte de hombres despiadados que, una y otra vez, reencarnan el rostro de Amalec. En ocasiones, no queda más opción que confrontar el mal y derrotarlo.

Paradójicamente, ese puede ser el único camino hacia la paz.

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

2 respuestas a «Algo para Pensar–Parasha Beshalaj (viernes, 30 enero 2026)»

  1. Avatar de Enid A. Miranda
    Enid A. Miranda

    Es triste entender que hoy estamos viviendo las consecuencias de ¨el olvido¨.

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    1. Shalom veUbraja Enid y familia:
      ¡Qué bueno leer tu comentario! A veces el olvido pesa, pero reconocerlo ya es un gesto de lucidez. Desde ahí podemos reiniciar con algo distinto, más consciente y más humano.

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