
Algo para Pensar – Parasha Shemot (domingo, 4 enero 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shavua Tov Lekulam!
La parashá Shemot (Éxodo 1:1-6:1) narra la multiplicación de los israelitas en Egipto y su esclavitud bajo un nuevo faraón. Describe el nacimiento de Moisés, su adopción por la hija del faraón, su huida a Madián tras matar a un egipcio, y su encuentro con Dios en la zarza ardiente.
Dios se revela como «Yo soy el que soy» y comisiona a Moisés para liberar a Israel, prometiendo señales y plagas. Moisés duda, pero Dios lo envía con Aarón.«Y los egipcios hicieron servir a los hijos de Israel con dureza, y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y ladrillo, y en toda labor del campo y en todo su servicio, al cual los obligaban con rigor» (Éxodo 1:13-14).
Antes de poder convertirse en un pueblo, elegido por Dios como su “luz para las naciones”, los hijos de Israel primero tuvieron que pasar por el “horno de hierro de Egipto”. Durante 210 años fueron “extranjeros en una tierra que no es suya,” de estos, los últimos ochenta y seis fueron sometidos a trabajos forzados por los egipcios, principalmente en la fabricación de ladrillos.
El ser humano es constructor…
Algunos construyeron edificaciones físicas: casas, ciudades, caminos, máquinas y un sinfín de otras estructuras. Otros se dedican a una construcción metafísica, estructurando palabras, colores o sonidos para albergar ideas o sentimientos. Pero todos construimos nuestras vidas, utilizando materiales de nuestro entorno, nuestra sociedad, nuestra propia psique, y forjándolos en una edificación que cumple una función y un propósito determinado.
Habiendo sido dotados por nuestro Creador con libre albedrío, podemos hacer cosas materiales o espirituales, egoístas o altruistas, positivas o negativas; o podemos enfocarnos en el objetivo supremo de «construir una morada para Dios» dedicando nuestras vidas al cumplimiento de la voluntad divina según está revelada en la Torá.
Ahí radica el significado más profundo de los ladrillos que moldeamos y cocimos a medida vamos madurando como pueblo. En el capítulo once del Génesis, la Torá describe la invención del ladrillo.
Originalmente, los sobrevivientes del diluvio habitaban regiones montañosas y extraían piedras como material de construcción. Pero luego se asentaron en el valle de Sinar (posteriormente Babilonia), donde desearon construir «una ciudad y una torre cuya cima llegara hasta el cielo.»
Pero, ¿dónde encontrarían un material lo suficientemente resistente para levantar una estructura tan imponente?
«Y se dijeron unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla.» ( Génesis 11:3)
La «piedra» sirve para representar los materiales que Dios nos provee para construir nuestras vidas. Esto no significa que no debamos esforzarnos, porque la piedra debe ser extraída de la cantera, transportada, labrada y ensamblada con muchas otras para levantar una estructura. Pero la piedra está ahí, sólida y apta para la tarea, esperando ser desarrollada.
En nuestras propias vidas, estos son los elementos que, por naturaleza, están capacitados para formar parte de la morada de Dios y se prestan fácilmente a este fin: nuestros rasgos de carácter positivos, los momentos y lugares sagrados de la creación, los objetos y las fuerzas designadas para el cumplimiento de una mitzvá.
Luego están esos elementos que son tan útiles como la arcilla cruda: nuestros instintos egoístas, y un mundo materialista que oscurece la verdad de su Creador. Estos son elementos que, por naturaleza, no favorecen, o incluso se oponen, a nada bueno ni divino.
Para incluirlos en la «morada de Dios» que construimos con nuestras vidas, debemos aprender a forjar «ladrillos.» Debemos amasarlos y moldearlos hasta darles una forma que jamás han conocido, cocerlos en el horno del sacrificio y el amor a Dios, hasta que se vuelvan tan sólidos y firmes como lo son las sagradas «piedras» presentes en nuestro edificio.
Así que, debemos aprender a construir «ladrillos» que sean tan fuertes como las piedras mismas.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)



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