Algo para Pensar — Parasha Vayechi (viernes, 2 enero 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos

¡Shalom, Shalom Lekulam!«Y yo te he dado a ti una parte más que a tus hermanos, la cual tomé yo de mano del amorreo con mi espada y con mi arco»(Génesis 48:22).


Finalmente, hemos llegado al tercer comentario que nuestros sabios hablaron sobre esta antigua vestimenta no común y corriente que utilizó Adán.  Era, según afirmaban, bigdei kehuna, la túnica de un sumo sacerdote, usada al servir a Dios; usada primero por Adán, luego a través de los siglos por Abraham, Isaac, Jacob, y ahora entregada a José. 


En resumen, esta vestimenta era el símbolo de la tradición religiosa.
Representa el servicio y la adoración a nuestro único Dios, transmitida de padre a hijo, abarcando toda la historia de la humanidad desde sus comienzos. ¡Cuán preocupado debió estar Jacob al despedirse de su existencia terrenal y de sus doce hijos! 


José debió inquietarlo más que todos los demás. Un hijo tan maravilloso, un joven tan íntegro, de verdadera integridad y temor de Dios.

¿Cómo le iría al ser puesto a prueba con riquezas y poder? ¿Acaso, en medio de todo ese lujo y regio esplendor, había olvidado a su anciano padre y a su Dios Eterno? «¿Qué hay de estos dos hijos de José a quienes acababa de bendecir?», debió pensar Jacob. ¿Qué será de ellos en esta tierra de Egipto? ¿Se asimilarán? ¿Serán egipcios como todos los egipcios, y afirmarán que no son diferentes de los demás egipcios que adoraban al sol al amanecer en este valle del Nilo? 


José necesitaba tener esto siempre presente. Por eso Jacob le dio esta vestidura de sumo sacerdote, usada por primera vez por el primer hombre. La responsabilidad religiosa, no disminuye con el aumento de las posesiones; aumenta. Toma, José, tienes esta túnica verde-amarillenta, de aspecto antiguo, extravagante, y a ojos egipcios, ridícula. ¡Úsala, José! 


Quizá esta vestimenta de Adán, la túnica del sumo sacerdote, no combine bien con tu púrpura real. Quizá una túnica egipcia nueva, brillante y atractiva se vea mejor y resulte más atractiva para tus hijos, que nunca vieron ni comprendieron la tradición religiosa de Adán, Abraham e Isaac. Quizá sí, pero esta es tuya, y ahora debes usarla.
«Te he dado una porción más que a tus hermanos»


No es más que un pequeño detalle que los demás no recibieron. Pero es esa prenda de Adán, con su triple mensaje de humildad, alegría y santidad, la que puede marcar la diferencia entre una vida judía plena y satisfactoria, y una vida frustrada, insatisfactoria y ajena al Judaísmo. 


La Torá nos la ofrece, tal como Jacob se la ofreció a José. No esperemos. Extendamos nuestras manos, abramos nuestros corazones y tomémosla con humildad, alegría y santidad.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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